Foto fechada el de 02 de julio de 1964 que muestra al Presidente Lyndon Baines Johnson firmando la ley de derechos civiles en la Casa Blanca. Foto AP
"Gracias al movimiento de los derechos civiles y a las leyes que firmó el presidente Johnson, se abrieron para todos nuevas oportunidades", dijo Barack Obama
Washington, EU.- Rara vez la firma de un presidente de Estados Unidos cambia realmente la vida de generaciones enteras. Pero cuando Lyndon B. Johnson puso en vigor con su firma la "Civil Rights Act" (Ley de Derechos Civiles) el 2 de julio de 1964 hizo exactamente eso.

Un siglo después del fin de la esclavitud, la ley puso punto y final a uno de los capítulos menos gloriosos de la historia estadounidense: el maltrato sistemático de ciudadanos de piel negra.

"Gracias al movimiento de los derechos civiles y a las leyes que firmó el presidente Johnson, se abrieron para todos nuevas oportunidades", dijo Barack Obama con vistas al 50 aniversario de la ley. "Y por eso estoy hoy aquí", añadió el primer jefe de Estado afroamericano de Estados Unidos, cuando en abril fue el orador principal e invitado de honor de la ceremonia de inauguración de la biblioteca en memoria de Johnson.

La ley aseguró por primera vez a las minorías los mismos derechos que a los ciudadanos estadounidenses blancos. Los empleadores ya no podían seleccionar a sus empleados de acuerdo al color de piel, su origen, su religión o su sexo. Las prohibiciones vigentes para negros en autobuses y trenes, cines, restaurantes o tiendas se volvieron ilegales. El derecho a votar ya no podía limitarse. Y también se levantó la separación por razas en las escuelas.

Aun cuando el balance general de su gestión es mixto a causa de la Guerra de Vietnam, el presidente número 36 de Estados Unidos hizo historia con esta rigurosa ley en contra de la discriminación.

Ya al comienzo de su mandato luchó contra una fuerte resistencia política a la visión de su antecesor John F. Kennedy. Pero luego fue incluso fue más lejos de lo que el mandatario asesinado se atrevió a soñar. "¿Para qué diablos está la presidencia si no es para luchar por cosas en las que uno cree?", dijo Johnson.

El Senado demoró casi cuatro meses en aprobar el proyecto de ley que le había enviado la Cámara de Representantes. Lo hizo el 19 de junio con 73 votos a favor y 23 en contra. Senadores demócratas del sur bloquearon el texto con una maratón de discursos durante 83 días de filibusterismo, cuya duración sigue siendo única hasta el día de hoy en la historia del Congreso.

El senador Robert Byrd, quien defendía la segregación, habló 14 horas seguidas para evitar una votación. El senador republicano y defensor de la ley, Everett Dirksen, fue hasta el Capitolio a pesar de una úlcera sangrante. Y el senador demócrata Clair Engle de California llegó en silla de ruedas a la votación tras dos operaciones de cerebro. Dio su aprobación asintiendo con la cabeza, ya que aún no podía hablar.

Pocos son los que hoy dudan de que la lucha valió la pena. Sin embargo, para los afroamericanos las cosas siguen siendo complicadas en Estados Unidos 50 años después de aprobada la "Civil Rights Act".

Los desempleados y pobres en ese grupo son el doble que en el promedio estadounidense. Los negros son el 13 por ciento de la población, pero también suman el 38 por ciento de los presos. Y cada vez hay más escuelas a las que sólo asisten niños negros.

"Las cicatrices y marcas del racismo siguen arraigadas profundamente en la sociedad estadounidense", señaló el congresista negro John Lewis. El compañero de ruta de Martin Luther King considera que hay muchos problemas sin resolver. Los expertos hablan de un creciente "apartheid económico" en el país. Los negros y otras minorías siguen sirviendo como "empleados baratos" y en el mercado de trabajo "son contratados los últimos y despedidos los primeros", analiza el profesor de ciencias políticas Jack Rothmann.

También Obama reconoce que aún no hay igualdad de oportunidades. "No alcanza con tener un presidente negro", dijo.

Sin embargo, los progresos son claros. El 85 por ciento de los afroamericanos hoy en día deja la escuela con un diploma, según la organización National Urban League. En 1963, sólo era el 25 por ciento. La cifra de negros universitarios se triplicó. Y el porcentaje de aquellos que viven por debajo de la línea de la pobreza cayó de 48 al 28 por ciento. Sin embargo, el bienestar de los ciudadanos blancos sigue siendo claramente mayor en comparación.

Por Marco Mierke/DPA