La Organización Internacional más grande del mundo es la de Naciones Unidas (ONU), integrada por 193 países, y sus acciones se despliegan prácticamente por todo el planeta. Cada 24 de octubre es su aniversario y este 2020 está cumpliendo 75 años de existencia. La fecha del “cumpleaños” es significativa pues se corresponde con la de aquel día en 1945 cuando entrara oficialmente en vigor su documento fundacional, denominado la Carta de las Naciones Unidas, tras haber sido ratificado por la mayoría de sus signatarios.

El surgimiento de la ONU estuvo marcado por una combinación de factores esenciales muy sensibles. El primero fue la Segunda Guerra Mundial y las atrocidades que supuso la misma, especialmente por las acciones genocidas de la Alemania nazi. El segundo factor fue el propósito de la comunidad internacional de que un acontecimiento así no se repita, y de ahí los renovados bríos para constituir una organización internacional que superara los resultados de la institución antecesora, esto es de la Sociedad o Liga de las Naciones.

El asentamiento y desarrollo de la ONU a lo largo del tiempo no ha sido fácil y ha implicado muchos esfuerzos. Incluso ahora, en su 75 aniversario, se celebra en un contexto especialmente delicado por la crisis sanitaria derivada de la pandemia por el COVID-19, pero también por la serie de problemas internacionales que perviven como telón de fondo (conflictos bélicos, ambientales, políticos, económicos, violaciones graves a los derechos humanos, etc.).

La situación, sin duda, no hace más que refrendar la vigencia y la necesidad de la ONU para conseguir en el mundo los objetivos que la organización se ha planteado desde sus orígenes: mantener la paz, la seguridad y la amistad entre las naciones; velar por el respeto de los derechos humanos, realizar la cooperación internacional y servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones para alcanzar estos objetivos comunes.

Es claro que necesitamos hacer realidad esos objetivos porque garantizan el bienestar de la humanidad, y en esa tarea desde luego que están implicados todos los Estados que son parte de Naciones Unidas. Las naciones deben movilizarse y apoyar con una visión internacional para resolver los problemas. En este propósito también está inscrito nuestro País que, por cierto, es miembro fundador de la ONU, suscriptor de la inmensa mayoría de tratados internacionales e instrumentos normativos de la Organización y generalmente activo participante de sus funciones.

En los meses de septiembre inician los periodos de sesiones de la Asamblea General, que es uno de los órganos principales de la ONU. En ellas acuden las Jefaturas de los Estados a “hablarle al mundo”, a explicar la visión y la implicación que desde el propio país se advierte para la resolución de los problemas con un enfoque regional e internacional.

En ese marco, los Estados miembros acordaron celebrar una reunión de alto nivel el 21 de septiembre para conmemorar el 75 aniversario de las Naciones Unidas y adoptar una declaración política sobre el tema “El futuro que queremos, las Naciones Unidas que necesitamos: reafirmación de nuestro compromiso colectivo con el multilateralismo”. Es decir, para vincularnos con la directiva de atender los problemas globales de manera conjunta.

La participación de nuestro País se realizó por conducto del Presidente de la República, en una sesión que por primera vez en la historia se realizó virtualmente. No es este el sitio para analizar esa intervención, pero baste decir que fue un discurso poco edificante para los problemas globales, pues se ciñó a los sitios comunes de la política interna del País. Era la ocasión para mostrarles a los 192 países que estaban escuchando el compromiso y la posición de México ante los objetivos de la ONU, los problemas globales y abordar el tema de la reunión. Sin embargo, no fue así.

Había muchos temas reseñables para un foro como ese, pero mencionemos dos que tienen relación con el multilateralismo y el cumplimiento de los objetivos de la ONU para conmemorar el aniversario. El primero es que el próximo año nuestro País ocupará un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad, y conviene saber qué rol se jugará, pues se trata de un órgano muy estratégico de la ONU que es el encargado de mantener la paz y la seguridad, pudiendo tomar decisiones y obligar a los miembros a cumplirlas.

De igual modo, se pudo haber destacado el inminente reconocimiento que haría nuestro País de la competencia del Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU, para que pueda conocer de comunicaciones individuales, permitiendo a las víctimas de este delito acceder a una vía adicional de justicia internacional. Esto se concretó días después. Pero, como digo, era una decisión tomada que pudo ponerse en valor en la ocasión.

En cualquier caso, la conmemoración del 75 aniversario de la ONU nos sirve de oportunidad para reflexionar sobre la necesidad de que los objetivos de la organización sean las pautas de actuación en los países. Sin embargo, no es extraño advertir en ocasiones cierta desatención Estatal al cumplimiento de los objetivos referidos, y para ello no hay más remedio que la implicación ciudadana para colaborar. Valdría la pena preguntarnos qué estamos haciendo para ello.