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“Una mano dura que tome el camino de la represión –sea abierta y pública, o escondida y hasta legalizada como la llamada ‘ley garrote’- es tan reprobable como una mano blandengue que ignore el camino de responsabilidades y derechos, que diga que va a arreglar todo con abrazos amorosos o tolerando impunidades selectivas", criticó

Ciudad de México. En la editorial que publica hoy la Arquidiócesis de México que encabeza el cardenal Carlos Aguiar Retes, titulada “No más violencia contra las mujeres”, criticó al gobierno federal y de la capital del país en su actuar respecto a los actos de vandalización de inmobiliario y monumentos en la manifestación de mujeres que demandan alto a las agresiones contra ellas, por el contrario, nula mención hizo en el texto sobre los feminicidios o el acoso y abuso sexual que padecen.

Expuso que expresiones “retóricas tan fáciles y tan oficiales” como “no criminalizaremos la protesta”, que fueron manifestadas por las autoridades, “pueden ser apenas la punta de un iceberg de dimensiones riesgosas al que, a veces, parece que nos hemos acostumbrado”.

Añadió que sigue siendo “urgente una atención profunda, permanente y eficaz, pues de continuar con remedios superficiales, ocasionales y dulzones, sólo le estaríamos apostando a una violencia mayor".

“Actuar no es sinónimo de reprimir. Actuar como autoridad democrática es garantizar la paz, defender los derechos y la seguridad de todos. Lo otro es una omisión hipócrita de responsabilidades elementales”, manifestó en el texto publicado a través del semanario Desde la Fe, su órgano de difusión.

La Iglesia católica en la capital del país abundó en que “una mano dura que tome el camino de la represión –sea abierta y pública, o escondida y hasta legalizada como la llamada ‘ley garrote’- es tan reprobable como una mano blandengue que ignore el camino de responsabilidades y derechos, que diga que va a arreglar todo con abrazos amorosos o tolerando impunidades selectivas.

“Ambas manos también se constituyen en catapulta de una violencia latente que tarde o temprano se vuelve más difícil de contener en el marco de las instituciones y las leyes”, expuso.

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Destacó que México necesita encontrar “el camino ordinario y estable hacia el ejercicio de derechos, la paz y el respeto”. En esa tarea, abundó, cada familia, ciudadano, empresa y partido “hemos de estar comprometidos. No nos queda duda que desde la familia y la escuela se van sembrando y cultivando valores que han de florecer y fructificar en una mejor sociedad”.

La Arquidiócesis pidió también no conformarse con mesas de diálogo “donde no se dialoga, donde cada participante representa por intereses parciales y no la búsqueda del bien común. Mucha violencia, sutil o explícita, pero capaz de hacer daño, puede esconderse entre las líneas de lo políticamente correcto”.

Señaló que la violencia “es un monstruo de mil cabezas y una de sus formas más dañinas y contumaces es la que se enmascara como ‘acción políticamente correcta’, pero que infringe daño y abuso contra víctimas inermes, resignadas y abandonadas a soportar más allá del colmo”.

Indicó que ciudadanos y autoridades “hemos de ser sensatos para seguir resolviendo la violencia generalizada; por supuesto en sus expresiones más sensibles, pero comenzando desde la cercanía de lo doméstico, en los ámbitos laborales, en la conversación pública, en los medios y las plataformas digitales, y hasta en las instituciones públicas”.