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La especialista en genética y neurobiología ha vencido a la muerte tres veces: cuando superó el cáncer, al ofrecerse como voluntaria aquel fatídico 11 de septiembre y posteriormente al sobrevivir a un incendio

Ella es Alejandra Ciappa, la médico argentina que se ofreció como voluntaria para apoyar a quien lo requiriera aquel fatídico 11 de septiembre del 2001.

Su historia es una secuencia de hechos fatídicos en su vida que supo transformar para ayudar a los demás.

Ciappa, recibida en la Universidad de La Plata, especialista en genética y neurobiología psiquiátrica, recuerda que hace 18 años mientras se encontraba trabajando en el laboratorio de investigación del Proyecto Alzheimer del doctor Ben Tycko, en la Universidad de Columbia en NY, recibió una llamada de su madre relatando que acababa de ocurrir un atentado contra las torres gemelas, así que pidió permiso a su jefe y corrió a ofrecer sus servicios como voluntaria.

Durante tres días la joven doctora apoyó en un improvisado hospital organizado por la Cruz Roja: "Había cien camillas, cada una con oxògeno, aparatología, ropa, comida, suero, todo lo necesario para atender heridos en una emergencia. Pero fue frustrante. Apenas dos camillas se usaron con sobrevivientes. Nunca llegaron más. Había gente con vida bajo los escombros. Se metieron micrófonos con fibra óptica y se escuchaban los quejidos… pero no las pudieron rescatar”, platica a jóvenes a quienes imparte una charla, como parte de sus actividades.

El segundo día narra que le tocó ayudar a desalojar un edificio cercano dañado, habitado en su mayoría por personas de la tercera edad que se negaban a dejar su vivienda: "Fui a una torre de 40 pisos. No tenía agua, ni luz, ni funcionaban los ascenso res. Además, la mayoría eran viejitos y no querían bajar. Los policías se pusieron nerviosos, Entonces les empecé a hablar y me hicieron caso. No me olvido más esas caras de pánico. Tengo todo presente, hasta algunos detalles mínimos, como los olores. El primero que recuerdo es el olor a combustible quemado, que estaba por todas partes. Y cada vez que se encendía un fuego en algún sector, emanaba otro. Por ejemplo a asbesto, que es tóxico. Flotaba un polvillo como de arena de hierro. Nos teníamos que echar agua permanentemente pero no lavarnos, porque si nos fregábamos nos quemaba la piel”.

Luego, llegó un momento en el que dijo basta: “Fue el jueves 12; hubo una tormenta y comencé a caminar. Tenía gafas, barbijo. Se levantó viento y todo se hizo oscuro y había remolinos de cenizas. Sentí miedo. Una médica me hizo ver que ya estaba bien con lo que había hecho. Creo que ahí empecé a entender dónde había estado”. Luego de pasar la noche en una camilla, regresó a su departamento caminando, con la satisfacción de haber hecho lo que su conciencia le dictaba.

TRES VECES SOBREVIVIENTE

Ciappa narra que unos meses después de haber llegado a Estados Unidos le diagnosticaron cáncer de cuello de útero, del cual logró salió adelante y tiempo después hasta tuvo a su hija Catalina, hoy de trece años de edad.

Su segunda experiencia fue el apoyo aquel fatídico 11 de septiembre, días en los cuales "conocí la maldad extrema de la humanidad, y lo otro, la bondad y la solidaridad", expone.

Su tercer experiencia que ha hecho a Alejandra valorar su vida, fue al año siguiente de la caída de las torres gemelas, cuando un incendio cercano a su departamento, mientras dormía, la puso en alerta: "Cuando pregunté, me dijeron que no había riesgo en mi departamento, pero mi intuición me decía que me tenía que ir. Fui a buscar a mi pareja, pero había tanta concentración de monóxido de carbono que estuve tres horas y media atrapada. Sentí que me iba a morir. Sentí la experiencia de la muerte, vi el túnel blanco, me sacaron del departamento y luego, terapia intensiva".

En el centro de Nueva York, en el museo Ground Zero, que recuerda a las víctimas y sus héroes, alguien escribió el nombre de Alejandra y una frase: “Argentina was here”, a manera de pequeño homenaje al gran acto de heroísmo de la médico argentina.

(Con información de El Clarín)