El pasado Día de Reyes falleció en un lamentable accidente automovilístico el periodista coahuilense Lorenzo Cárdenas y su familia. Una tragedia mayúscula. Una gran pérdida. Una pena.
El desafortunado incidente sucedió en la carretera libre Saltillo-Torreón, lugar donde han ocurrido decenas de percances con fatales consecuencias y a nadie con autoridad en el tema pareciera preocuparle. Me explico.

Con base en las notas periodísticas de los principales diarios que circulan en ambas ciudades conectadas, quien esto escribe elaboró una bitácora de 2015 para contextualizar y el resultado es revelador: hay un registro de 28 accidentes fatales en esa vía, con un saldo de 30 muertos y 79 lesionados. 

Repito: sólo el año pasado.

Cabe señalar que no hubo un sólo mes con saldo blanco, destacándose diciembre con siete percances (la cuarta parte del total). 

Reitero: pueden ser más si contabilizamos algún otro que escape a las crónicas periodísticas, pues la estadística no es oficial ya que ninguna dependencia pública la generó (dudo incluso que tengan una base de datos organizada) y tiene como fuente la información de la hemeroteca, obtenida por medios propios.

La inmediatez de los accidentes, suele suceder en estos casos y los periódicos dan cuenta de ello, provoca se aventuren hipótesis para explicar sus causas, y que luego estos queden en el olvido.
Sin embargo en 2015 chocaron militares, policías y bomberos. Todos ellos, por razón de su oficio, mejor adiestrados para la conducción de un automóvil que un ciudadano de a pie. ¿Es un asunto de pericia para conducir, por tanto?

Los contratiempos, por si fuera poco, ocurrieron en distintas fechas del calendario, abarcando todas las estaciones del año. ¿Se trata de un tema climático, de neblinas o lluvias inesperadas entonces?
Finalmente cabe puntualizar que acontecieron en diferentes kilómetros de la vía. ¿Será cuestión de tramos peligrosos en particular?

A la luz de lo observado ninguna conjetura se sostiene. Los accidentes no son atribuibles en su totalidad a la falibilidad humana, ni a las condiciones climatológicas, ni a infraestructura parcialmente dañada. Pocos fueron causados por exceso de velocidad y la ingesta previa de alcohol, a juzgar por los mismos reportes de prensa. 

La carretera Saltillo-Torreón, a diferencia de otras en el País (Tepic-Mazatlán, México-Puebla, Tuxpan-Tampico, Coatzacoalcos-Villahermosa, por mencionar algunas), no tiene accidentes geográficos pronunciados que dificulten su recorrido. ¿Entonces qué sucede?, ¿cómo se explican las desgracias que cotidianamente acontecen?

No sugiero fenómenos metafísicos, sino hechos reales. ¿Nadie ha observado eso? De ser positiva la respuesta, ¿por qué nadie se pronuncia al respecto?

Es inviable construir otra carretera, por supuesto, pero un análisis de seguridad vial y operativos constantes podrían salvar vidas. 

¿Le parecen pocos accidentes?, ¿le resulta normal?, ¿las autoridades responsables, en este caso la delegación de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que encabeza Héctor Franco López, se mantendrá impasible, como si nada ocurriera?

Cortita y al pie

Y eso que estamos en “el decenio de acción por la seguridad vial 2011-2020”, según la ONU, y en México existe un “Programa de Acción Específico: Seguridad Vial 2013-2018”. Qué sería si no.

La última y nos vamos

Es complicado incursionar de Saltillo a Torreón y viceversa, literal y metafóricamente hablando. Al respecto el Secretariado Técnico de la Comisión Nacional para la Prevención de Accidentes (STCONAPRA) califica de “mínima” la seguridad vial en Coahuila durante el periodo 2008-2014. Es decir, no estamos frente a un caso aislado, sino ante un fenómeno sistemático. 
La SCT tiene la palabra.

@luiscarlosplata