Realidad. La competencia desleal y la falta de regulación, pone a esta actividad al borde de la extinción. / V/ESPECIALES
Sus clientes son el IMSS, Ejército Mexicano y el ISSSTE, además de particulares, funerarias y panteones.

CDMX.- Pedro Jaramillo es biólogo, pero decidió enfocarse en la última etapa del proceso vital cuando ingresó al negocio de la manufactura de ataúdes y seguir con la tradición familiar que inició su abuelo. 

En 2005, dio un paso más hacia su crecimiento en el sector y constituyó Litomexsa, una de las pocas firmas mexicanas dedicadas a esta actividad que tiene maquinaria propia.

Del total de su producción, 80% es metálica y 20% de madera. Semanalmente fabrican 200 ataúdes a un costo unitario promedio de 1,500 pesos; que al año representan 9,600 féretros e ingresos cercanos a 15 mdp. 

Sus clientes son el IMSS, Ejército Mexicano y el ISSSTE, además de particulares, funerarias y panteones. Jaramillo estima que su fábrica cubre 5% del mercado nacional.

En penumbras
La informalidad en esta industria dificulta tener datos concretos. Según los fabricantes consultados —que en muchos casos pidieron el anonimato— y la Asociación Nacional de Directores de Funerarias (ANDF), existen 150 fábricas de ataúdes en el País, incluidos cerca de 50 talleres no constituidos jurídicamente. 

Estiman que las ventas anuales alcanzan los 2,600 mdp; sin embargo, la manufactura de ataúdes tiene muchos bemoles. 
Grupo Gayosso, la mayor empresa funeraria de México, en los últimos 5 años, 80% de los difuntos pasa por la cremación o incineración, y el resto es inhumado o enterrado.

Fabricantes consultados diden que por cada fallecido se utiliza un féretro, ya sea comprado o rentado. INEGI indica que por año se registran 600 mil decesos, lo cual implicaría una necesidad de 120 mil ataúdes.

La tendencia a la incineración, según Gayosso, se debe a la saturación de los panteones y a los elevados precios de la inhumación, que puede ser hasta 30% más cara.