La escultura ecuestre de Ramón Berenguer, conde de Barcelona, obra de Josep de Llimona en 1880, apereció hoy cubierta con una con una bandera estelada al día siguiente de la declaración de independencia aprobada por el Parlament. Foto: EFE
En el Arco de Triunfo, escenario habitual de congregaciones soberanistas, hoy proseguía la Feria de vinos y cavas de Cataluña. Y como ayer, la concurrencia estaba animada.
Hoy me levanté bien, contento, aunque con sensaciones encontradas: la alegría es contenida porque todo es muy cierto y no sé que va a pasar"...
Joan, un ingeniero informático de 43 años

Normalidad cotidiana e incertidumbre, mucha incertidumbre. Así amaneció Barcelona un día después de que el Parlamento de Cataluña aprobase la creación de una república independiente y el Gobierno español destituyese al Ejecutivo de la región y convocara elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.

"Hoy me levanté bien, contento, aunque con sensaciones encontradas: la alegría es contenida porque todo es muy cierto y no sé que va a pasar", señaló a dpa Joan, un ingeniero informático de 43 años.

En el mediodía barcelonés, en el barrio de Gracia, Joan seguía su rutina de cada sábado: hacer la compra con su bebé cargado al pecho y acercarse al kiosco para recoger el diario catalán "Ara".  

"Hoy es todo normal, pero la verdad es que no sabemos qué va a pasar, quién va a controlar el territorio, si van a detener a alguien", prosiguió Joan, con muchas dudas, pero convencido de que el pueblo catalán opondrá resistencia pasiva a las decisiones del Ejecutivo de Madrid.

A su alrededor, los abuelos conversaban sentados en los bancos de las plazas como siempre. En los bares servían cafés, cervezas y vermuts como cada sábado y algunos turistas se paseaban ajenos a los acontecimientos sociopolíticos.

Miles de personas se han concentrado esta tarde en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante el Palau de la Generalitat, sede del gobierno catalán, para festejar que el Parlament ha declarado de forma unilateral la independencia de Cataluña. Foto: EFE
Yo intento vivir ajena a todo esto, pero estoy harta, angustiada y con una sensación rarísima porque ayer, cuando se proclamó la república, pensé que al menos se había decidido algo, pero la decisión de Rajoy volvió a abrirlo todo"...
Mari Pili, empresaria hostelera de 40 años

Los zonas de juego estaban llenos de niños vigilados por sus padres y la Ciutadella, el parque que acoge el Parlamento de Cataluña donde el viernes se votó seguir adelante con el proceso independentista, había sido devuelto a los ciudadanos para su disfrute.

En la víspera, la Policía catalana lo había cerrado al público para garantizar la seguridad de los parlamentarios.

"Yo intento vivir ajena a todo esto, pero estoy harta, angustiada y con una sensación rarísima porque ayer, cuando se proclamó la república, pensé que al menos se había decidido algo, pero la decisión de Rajoy volvió a abrirlo todo", dijo a dpa Mari Pili, empresaria hostelera de 40 años.

Estresada y "triste por la fractura social que han provocado en esta ciudad que era cosmopolita", llevaba a su hija a un cumpleaños. "La República no la tenemos. Lo que se hizo ayer fue simbólico y creo que las elecciones de 21 de diciembre es lo mejor que se puede hacer para que esto se decida lo antes posible", añadió.

"Sería inocente e ilusorio pensar que ya vivimos en la república catalana. Lo de ayer fue un momento simbólico importante", coincidió Xavier Farré, un ex empleado de banca de 69 años, que cargaba bolsas de la compra y lucía un lazo amarillo "para pedir la liberación de los presos políticos catalanes": una alusión a los líderes de las dos mayores entidades independentistas detenidos por presunta sedición.

Miles de personas se concentraron en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante el Palau de la Generalitat, sede del gobierno catalán, para festejar que el Parlament declaró a independencia de Cataluña. Foto: EFE

En el Arco de Triunfo, escenario habitual de congregaciones soberanistas, hoy proseguía la Feria de vinos y cavas de Cataluña. Y como ayer, la concurrencia estaba animada. Los visitantes compraban sus tickets para degustar vinos y cavas, charlaban animadamente y bebían como cualquier otro día.

Llamaba la atención la presencia de una furgoneta de los Mossos d'Esquadra, la Policía catalana, apostada en el inicio del paseo con varios agentes, uno de ellos con una metralleta a la vista.

"Estamos para vigilar la feria. De momento, no ha habido ninguna otra directriz", aseguró uno de los agentes a dpa y en alusión al cambio de mando decretado por el Gobierno español.

Minutos antes, y con una sonrisa, el mismo agente había accedido a hacerse una foto con una turista, un gesto inusual para un policía español.

"La afluencia de gente está siendo más o menos la misma que ayer, pero ayer había muchos independentistas y hoy hay más familias y personas que vienen expresamente a esta feria", apuntó a dpa Julia, una de las azafatas que atendía el stand de la organización.

Para ella, como para su compañera Marta, el "primer día de la república catalana" fue un día más de trabajo.  

"Ahora estoy pendiente de lo que va a pasar y tengo miedo. Creo que las elecciones van a ser peores. Si las convocase un Gobierno más permisivo, quizá servirían de algo, pero con el PP (Partido Popular) va a ser peor", agregó Julia, estudiante de criminología de 18 años.

"Las elecciones me parecen bien, pero no sé si serán la solución, creo que todo seguirá igual. Lo que habría que hacer es un referéndum legal", consideró, por su parte, Elena Vargas, una agente de viajes de 49 años.

Como cualquier otro día, paseaba a su perro "sin sensación de estar en una república", con la "extraña sensación de que un presidente no elegido por los catalanes mande en Cataluña" y "a la expectativa" de lo que pasará.