La urbanización nos ha desconectado de ese vínculo esencial de lo humano con lo natural. Vivir en una ciudad, nos hace olvidar que nuestra vida y desarrollo son posibles gracias a la naturaleza. Rodeados de edificios, viviendas, calles pavimentadas, abastecimiento de agua directo en la casa, supermercados llenos de alimentos variados, internet y otros servicios, sentimos que todo está al alcance de nuestra mano y en automático la mente siente seguridad por la satisfacción de necesidades.

Ante este panorama, no era común sentirnos vulnerables por el cambio climático, la deforestación o la pérdida de biodiversidad, y por lo tanto no nos preocupaba tanto. La planeación urbana no tomaba como base los recursos naturales para diseñar las ciudades, no integraba esta perspectiva.

La ciudad es la expresión espacial de la mayor intervención del ser humano sobre la naturaleza. Cuando construimos una ciudad se destruyen hábitats naturales, hay desplazamiento de biodiversidad, alteración de corrientes naturales de agua, alteración de la temperatura, escasa filtración del agua en los acuíferos subterráneos, modificación de los escurrimientos hídricos naturales, sin olvidar la alta producción de residuos sólidos y la contaminación del aire, entre otras cosas.

Las consecuencias del desorganizado crecimiento, genera contaminación, escasez de agua o recursos, los fenómenos climáticos empiezan a degradar la calidad de vida de los ciudadanos y es entonces cuando se pone atención a los problemas ambientales y a cuestionar hacia dónde va el crecimiento urbano y sobre todo si es posible alcanzar un nivel de desarrollo alto. Es cuando se incorpora la concepción de la sustentabilidad de las ciudades, que implica renovar la planeación y gestión de lo urbano, esta vez con criterios ambientales, para reducir la transferencia de costos ambientales hacia otra gente, otros ecosistemas o hacia el futuro.

Es momento de pensar en ciudades inteligentes y sustentables, no sólo por la incorporación de la tecnología en los servicios que proporciona, sino por que es pensada como un ecosistema donde confluyen sistemas naturales, económicos, sociales, culturales y todos ellos deben respetarse e integrarse de la mejor manera para lograr que el desarrollo y bienestar en las ciudades sea posible para la generación actual y las futuras. 

Para lograrlo se necesitan gobiernos comprometidos y ciudadanos participativos, para reconstruir la ciudad, ahora más humana, sensible y pensada desde la propia naturaleza, que no la destruya, que la comprenda y la integre a la par de la modernidad y la tecnología. 

Pensar en una ciudad inteligente y sustentable, es reconectarla con la esencia de la naturaleza, bajar las emisiones de carbono, gestionar sus servicios con calidad pero con baja huella ecológica, reducir los resiudos y reciclar lo más posible, mitigar y adaptar con tecnología e infraestructrura verde. Es pensar diferente, intentar crecer, haciendo el menor daño posible, las menores emisiones, con la conciencia plena de que queremos un mejor espacio para vivir.


Reconexión Natural
Gabriela De Valle