A domicilio. Los bienhechores acuden hasta las casas a ofrecer los platillos que se preparan en el comedor. JESÚS PEÑA
La Congregación de Verbum Spei, fundadora del comedor de Omega, y Cáritas de Saltillo se dieron a la tarea de conseguir donadores para esta causa

Así nomás, de repente gente y más gente empezó a llegar al comedor comunitario de la “Casa San Juan”, en la colonia Omega, para pedir un taco. 

Eran las familias de desempleados o empleados con medio sueldo, provenientes de los sectores marginadas, que iba dejando la crisis por el COVID-19.

“Hubo mucha gente que se acercaba y que pedía comida…”, cuenta María Concepción Tobías Rodríguez, una activa colaboradora en esta olla comunitaria.

El equipo de voluntarios y filántropos que sostiene este comedor se preguntaba cómo haría para dar de comer a tanta gente.

La Congregación de Verbum Spei, fundadora del comedor de Omega, y Cáritas de Saltillo se dieron a la tarea de conseguir donadores para esta causa. 

Voluntarias. El amor por el prójimo es la sazón principal de los platillos que a diario se preparan. JESÚS PEÑA

Con los días, más bienhechores, bienhechores anónimos, se unieron al proyecto, cocineras voluntarias donaron su talento y su tiempo, y personas de la sociedad civil prestaron sus vehículos y su gasolina para repartir, casa por casa, la comida en las colonias alejadas.

Se movieron corazones.

“Gracias a la labor de las personas que están pensando en la gente que ahorita está viviendo cosas difíciles, en primer lugar los sacerdotes del Verbum Spei, Cáritas de Saltillo y los benefactores, que son muchísimos…”, comenta Eva Tobías Rodríguez, cocinera voluntaria de este comedor.

Así, en pocas semanas, esta olla comunitaria que regularmente, antes de la emergencia sanitaria, atendía a unas 60 personas, hoy da alimento a unas 620 comensales, no solo de la Omega, sino de las colonias “La Gloria” y “Las Esperanzas”, 2 sectores donde proliferan los tejabanes y las calles sin pavimentar.

“Son como unas 115 familias de obreros, recolectores, gente de bajos recursos. Ahorita hay mucha necesidad. Gracias a Dios, en medio de todo lo que hemos vivido con la pandemia, se han movido muchos corazones, pensando en la gente que necesita y se ha movido la ayuda, porque a veces decimos ‘ay pobrecito’, pero no te mueves…”, dice Eva. 

Necesidad. Gente de todas las edades acude por su porción de comida. JESÚS PEÑA

Frijoles, mole, asado, papas revueltas con chile y carne de puerco, son algunos de los guisos populares que, con la ayuda de un chef, preparan diariamente las cocineras altruistas de este comedor.

“Aquí todo mundo que viene es bien recibido, más si viene a apoyar”.

Sin embargo, Eva dice que los sacerdotes de la Congregación de Verbum Spei ya no saben cómo hacer para alimentar a tanta gente, necesitan de más apoyo,

Todos los días María Concepción Tobías Rodríguez, otra voluntaria, maestra de escuela, que presta su coche, su tiempo, su combustible, sale a “Las Esperanzas”, un cinturón de chamizos de lámina, ubicado al oriente de la ciudad, para repartir comida.

“Hay muchas personas de la tercera edad que están solitas, hay albañiles, en esta época no se contrata a los albañiles ni a las empleadas domésticas ni a los cerillitos, tenemos personas de la tercera edad que son cerillitos, por eso la necesidad de hacer tanta comida”, explica.

A veces Concepción va choza por choza, dejando el alimento, otras, para en una esquina esperando a que la gente venga por su comida.

El único requisito es tener hambre.

Es mediodía en “Las Esperanzas” y el cielo amenaza con desplomarse, niños enviados por sus madres se acercan con recipientes que son llenados por Concepción con porciones de comida. 

Ella dice que esto es obra de Dios.

“Yo decía ‘¿qué vamos a hacer?, un día daremos de comer, pero tantos días y a tanta gente’. Es obra de Dios que se empezó a mover la sociedad en torno a esto…  Gente de buen corazón que día con día se desprende de algo para compartir con los demás…”.