En 1977 la Organización Mundial de la Salud instauró el tercer jueves de cada noviembre como el Día Mundial del Aire Puro. Como todas las celebraciones internacionales, se realiza como un recordatorio de la problemática de contaminación atmosférica que cada día es mayor y que actualmente no sólo se presenta en grandes metrópolis. 

La contaminación del aire es un problema complejo que resulta, como la gran mayoría de los problemas ambientales, del desarrollo de la sociedad basado en el crecimiento industrial y urbano. Hace algunas décadas, las chimeneas humeantes de grandes empresas eran símbolos de progreso, representaba que una ciudad estaba creciendo. Sin embargo, hoy en día encaramos un efecto no deseado de esa modernidad: el aire contaminado. En muchos de los casos, la existencia del problema no es visible, hasta que es demasiado grave, pero que no lo percibamos, no significa que no exista y mucho menos que no haga daño. 

Fue llamado por el relator especial de los derechos humanos y el medio ambiente en la ONU como el asesino silencioso, ya que afecta a más del 90 por ciento de la población a nivel mundial y genera estragos en la salud. Se estima que una de cada nueve muertes en el mundo es resultado de condiciones relacionadas con la contaminación del aire, lo que la convierte en un asesino más grande que la malaria y los accidentes de tráfico.

La afectación en vías respiratorias es la más evidente, así como el incremento de alergias y asma. Lamentablemente también afecta el riesgo de enfermedades cadiovasculares e infartos, incluso puede aumentar el potencial de bloquear arterias y con ello, el de derrames cerebrales. Sin considerarse un efecto catastrófico, pero sí importante, las afectaciones no necesariamente desarrollan una enfermedad en particular, sino que provoca que el cuerpo humano tenga menos capacidad para enfrentar los riesgos de enfermedades en general, en el largo plazo. Además, hay evidencia que las partículas pueden llegar hasta el cerebro, así que los científicos están investigando los efectos potenciales en condiciones como la demencia.

Es momento de poner atención en este problema, generar información y programas especiales, no esperar a que se salga de control y se presenten días de contingencia o aumenten las enfermedades por la mala calidad del aire.

Es importante que las ciudades empiecen a vigilar su calidad del aire y determinen las fuentes de contaminación atmosférica y los efectos en la salud de los habitantes. También se requiere revisar el marco normativo de los municipios y estados para establecer estrategias para prevenir los daños, pero también que provoquen un cambio en la consciencia para que todos asumamos la responsabilidad de actuar para prevenir.