Advertencia. El acoso callejero podría ser el inicio de un ataque contra la mujer. Foto: Archivo
Una de las formas más invisibles del acoso proviene desde un piropo, una mirada obscena, un tocamiento aparentemente involuntario

El acoso en espacios públicos es más común de lo que se piensa, pues en México 8 de cada 10 mujeres son víctimas de algún tipo de violencia en el ámbito laboral, escolar, comunitario o en el espacio familiar.

Una de las formas más invisibles del acoso proviene desde un piropo, una mirada obscena, un tocamiento aparentemente involuntario, explica Ana Daniela Aguirre Aguirre, representante del colectivo Revolución Púrpura Feministas del Desierto.  

“Según con datos del INEGI, a partir de los nueve años una niña empieza a ser acosada. No tenemos datos precisos debido a que el acoso callejero se ha invisibilizado y muchísimas mujeres no saben que están ante una situación de violencia, salen a la calle y consideran que es normal que les digan piropos, que las toquen o se masturben frente a ellas… al final se va normalizando este tipo de violencia”, explicó la activista durante un panel organizado con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Entre las acciones que son calificadas dentro del acoso callejero también hay tocamientos “involuntarios”, miradas y palabras obscenas, el sonido del claxon dirigido a una mujer. 

“¿Cuántas veces te has subido a la combi y van hombres abiertos de piernas invadiendo el espacio de la otra persona? y todos lo ven como algo normal”, ejemplifica. 

Ana Daniela explicó que actualmente en otras entidades han aplicado una nueva estrategia nombrada “Silba, grita y organiza” que trata acerca de que una vez que una mujer ha sido víctima de acoso, debe silbar (se recomienda traer un silbato), también debe gritar y organizarse para evitar que vuelva a suceder. 

El dato
> El acoso sexual y el acoso por razón de sexo constituye una discriminación que se manifiesta a través de la sexualidad y que, si bien puede tener tanto a hombres como mujeres como eventuales sujetos pasivos, es padecido fundamentalmente por las mujeres en función de las desequilibradas relaciones de poder que el género produce en nuestra sociedad.