Ilustración: Vanguardia/ALEJANDRO MEDINA
Al contrario de los ‘dreamers’ en EU, César L. Faz, siendo norteamericano, cumplió sus sueños en México

Aún se recuerda la sensación de los mexicanos cuando el 23 de agosto de 1957 el equipo de béisbol infantil de Monterrey, impulsado por su entrenador César Leonardo Faz, obtuvo el triunfo absoluto con un juego perfecto en Williamsport, Pasadena.

Fue una mezcla de situaciones la que propició el apoteósico triunfo de los 14 infantes regiomontanos en la Serie Mundial de Ligas Pequeñas, pero la más importante fue la energía imparable del hombre, de entonces 38 años, que supo motivar a los pequeños introduciéndolos en el gran sueño de ser campeones.

Nacido y con crianza latina en San Antonio, Texas, César aprendió los secretos del aprendizaje y práctica del béisbol desde que fue el bat-boy del equipo de los Misioneros de San Antonio.

Pero César ya tenía aspiraciones precisas y al ir creciendo sabía lo que quería para su vida así que empleó su fuerza de voluntad, inteligencia y poder de persuasión para convencer a quien se le pusiera enfrente de que tenía facultades para ser un gran mánager: y lo fue.

Al contrario de la situación que ocurre a los “dreamers” en los Estados Unidos, César L. Faz, siendo norteamericano, cumplió sus sueños en México. En 1956 fue contratado por Lucky Hasking como mánager del equipo de béisbol infantil de la empresa Vidriera Monterrey para reclutar “peloteritos” entre niños con talento, la mayor parte de ellos de condiciones modestas; salvo el caso de José Maiz García, hijo de un empresario de la construcción y que ahora como adulto es uno de los máximos impulsores del béisbol infantil en América Latina.

Imaginemos al México de hace 60 años en que la radio era el hilo conductor de las noticias que ricos y pobres escuchaban con avidez. Adolfo Ruiz Cortines era el presidente de la República en los tiempos en que se otorgó el voto universal a la mujer, y que para frenar la inflación de un crecimiento económico sin precedentes, se impulsó el llamado desarrollo estabilizador, fijándose la paridad cambiaria en 12.50 pesos por dólar. Era un México nacionalista, por lo que la noticia del triunfo de los Pequeños Campeones fue un gran acontecimiento.

Años después, entre 1985 y 1991, César L. Faz fue titular del deporte en el Gobierno estatal de Nuevo León. En esa época lo conocí y por dos años fue mi jefe. Don César –así le llamábamos por su aspecto– era estricto, pero por su entusiasmo actuaba con matices de juventud. Siempre competitivo, gustaba emplear frases célebres en su lenguaje. 

Tenía en su casa un espacio personal (El Rincón del Viejo), en el que guardaba reconocimientos.

Alguna vez me encargó llevar una exposición de logros deportivos por nuevoleoneses en el Palacio de los Deportes en México, con la que se logró destacar. Don César, personalmente, revisó cada uno de los aspectos de la exposición antes de ser presentada. Tenía un espíritu perfeccionista. En esta exposición se mostraba la hazaña de los niños beisbolistas en 1957 a través de fotografías y en un televisor se compartía la película “Los Pequeños Gigantes” producida en el año de 1960 por George P. Werker.

Mucho tiempo después, en 2009, se produciría una película dirigida por William Dear con el nombre en español de “El Juego Perfecto”, pobre en comparación con el primer film inspirado en los hechos deportivos desarrollados en Williamsport hace 60 años.

Don César me pidió autorización para emplear un escrito mío sobre valores para el mañana y me compartió que estaba escribiendo el libro “El Hábito de Ganar”. Ahora que ha fallecido espero que sus familiares conserven apuntes de este texto porque sería un acierto publicarlo en estos tiempos en que las casas editoriales producen pocas obras de valía.