No le digo quién me lo contó, porque no me está permitido.

No me está autorizado.

Eso quiero pensar.

Porque cuando lo quise publicar en una nota periodística para VANGUARDIA.

La fuente se me echó para atrás.

Y dijo, ‘¿que yo le dije a usted?’.

En fin.

Pero de que sucedió, sucedió.

Y sucedió en Allende, Coahuila, en la época de la malandrada, eufemísticamente llamada de la guerra contra el narco.

2010–2013, más o menos.

Alguien, ya le dije que me está vedado decir quién, me contó de cómo los Zetas utilizaban el panteón de Allende para enterrar a sus víctimas.

Como lo lee.

Y asesinaban a jóvenes, los colgaban de los árboles de las plazas o de las calles y hacían pasar sus muertes como suicidios.

Varios casos así hubo en esta tierra de nadie.

En esta tierra sin ley.

Los malandros se paseaban por las calles de Allende en sus camionetas nuevas con los cadáveres de sus víctimas o personas plagiadas maniatadas en la batea.

Muy campantes llegaban a las fondas de comida y se ponían a comprar gorditas.

Sin recato alguno.  

Y si hasta eso que eran amables, saludadores, pagadores, cuenta la gente de aquel pueblo, el pueblo de la masacre.

Pero lo que más me impactó fue lo de los entierros en el cementerio.

Qué horrible,

Dicen, a mi no me lo crea, que llegaban echando de la madre a casa del panteonero en mitad de la madrugada y lo obligaban a abrir el cementerio.

Una vez ahí lo ponían a cavar los pozos donde depositaban a sus víctimas.

El panteón de Allende usado como fosa clandestina.

¿Usted cree?

Y así lo hicieron quién sabe por cuánto tiempo al amparo y complicidad de la noche y quién sabe si de las autoridades del pueblo.

Será mentira, será verdad.

Dicen que cuando el río suena es que agua lleva.

Cuando me lo contaron, a mí francamente me dio escalofrío.

Horror y miedo, nomás de imaginarmela la escena.

Pero si viera cómo le pueden estas historias tremebundas a la gente de Allende.

Les da pena, rabia, dicen, de saber que cada vez que alguien pone Allende, Coahuila en el Google, aparece lo peor de lo peor.

Vaya a saber por cuánto tiempo irán a cargar ellos con este estigma maldito. 

Deje usted el estigma con tantos muertos