Los restos del ‘Dicothodon bajaensis’ fueron hallados en la formación El Gallo, en Baja California. Los huesos en rojo son los que se han encontrado. Imágenes tomadas de https://www.researchgate.net
Genera para los científicos mexicanos una desafiante incógnita que sigue abierta, pues en esa época los continentes americano y asiático ya se habían separado

Ciudad de México. Una lagartija mexicana del Cretácico con aparentes lazos taxonómicos con parientes asiáticos genera para los científicos mexicanos una desafiante incógnita que sigue abierta, pues en esa época los continentes americano y asiático ya se habían separado.

Los restos del Dicothodon bajaensis fueron hallados en la formación El Gallo, en Baja California, por el equipo de investigación de la doctora Marisol Montellano, del Instituto de Geología de la UNAM.

"¿Cómo es posible que esté relacionado con el (conjunto de especies) asiático?", preguntó entusiasmada la doctora Montellano Ballesteros la tarde de este viernes durante la charla “Los dinosaurios (y otra fauna cretácica) de México”, en el Aula Magna de El Colegio Nacional.

Esta, como muchas otras líneas de estudio iniciadas apenas en los últimos años, dan muestra del espectro de oportunidades que ofrece el campo de la paleobiología, como destacó Antonio Lazcano Araujo, miembro de El Colegio Nacional.

Riqueza en el norte y el occidente

Los rastros de vertebrados terrestres del Cretácico mexicano se hallan principalmente en el norte, explicó la paleontóloga invitada a esta charla del ciclo Los viernes de la evolución, pues la mitad oriente del país estuvo durante casi todo ese periodo bajo un mar interior que separó a la zona norte del continente en dos grandes masas terrestres, por lo que “nuestro registro está lleno de fósiles de origen marino”, no solamente invertebrados sino vertebrados.

Pese a que la datación radiométrica de muchas zonas no es aún muy clara, explicó Marisol Montellano, se ha establecido que los ejemplares mexicanos encontrados pertenecen principalmente a la división más reciente del Cretácico inferior, el Albiano, y a las del Cretácico superior, más cercano a la actualidad: Cenomiano, Turoniano, Coniaciano, Santoniano, Campaniano y Maastrichtiano.

El equipo de la doctora, nutrido y auxiliado por varios jóvenes investigadores que han realizado ahí proyectos de licenciatura y posgrado, lleva 14 años trabajando en la formación de El Gallo.

Ahí han hallado numerosos ejemplares del Cretácico mexicano, entre ellos no solo dinosaurios, sino también tortugas, cocodrilos, los primeros mamíferos del país y la misteriosa lagartija Dicothodon bajaensis, de cuyo esqueleto se han encontrado varios fragmentos.

El proyecto en El Gallo apunta a largo plazo a poner a prueba la hipótesis conocida como gradiente latitudinal biótica -la tendencia de la diversidad biológica a concentrarse en regiones tropicales-, pues la aportación de la pieza mexicana puede ser clave en el rompecabezas continental.

Investigación cercada por la inseguridad

Las investigaciones paleobiológicas, además de tener un impulso apenas en ciernes, se enfrenta a problemas como la inseguridad en el país, lamentó la biólogo y paleontóloga, pues los científicos han tenido que abandonar zonas ricas en fósiles ubicadas principalmente en el occidente y en el norte. Tal es el caso de Los Bonetes, en Michoacán, o la conocida como Formación Aguja, en Coahuila y Chihuahua.