Jamás en la historia de nuestro país –ni siquiera en los momentos de más boyante economía– se han creado dos millones de empleos en un año, como pretende hacer el presidente López Obrador

Que los gobernantes –de cualquier parte del mundo, pero de manera particular los mexicanos– expongan realidades que nadie más puede ver es un vicio añejo cuyas manifestaciones a nadie pueden ya sorprender.

Pero no porque se trate de un vicio recurrente debe ignorarse su existencia y, menos aún, soslayar la relevancia de sus potenciales efectos. Porque más allá de si la exposición de mundos de fantasía perjudican o no la popularidad o la imagen del gobernante en turno, lo que importa es la forma en que tales expresiones afectan las decisiones que toman las personas.

Un buen ejemplo de ello es el mensaje que ayer emitió, a través de un video difundido en redes sociales, el presidente Andrés Manuel López Obrador, en el cual realizó un recuento de lo que, en su opinión son las “buenas noticias” que tiene el País en medio de la pandemia del coronavirus.

Uno de los aspectos que abordó el titular del Ejecutivo Federal fue el relativo a la pérdida de empleos formales, variable sobre la cual, dijo, él tiene un pronóstico de carácter personal y que implica que el saldo final de la crisis económica –derivada de la contingencia sanitaria– será de un millón de puestos de trabajo destruidos en el País.

Es probable que el Presidente haya decidido adelantarse a “vender” su pronóstico para suavizar el tema y, sobre todo, para conducir la conversación sobre el tema al punto que a él le interesa: la presunta “creación” de dos millones de empleos de aquí a finales de año.

La intención aparece muy clara: sí se van a perder muchos empleos, pero el Gobierno de la República va a compensar esa pérdida “sobradamente”, de tal forma que el efecto económico de la pandemia prácticamente desaparecerá “de manera instantánea” y en muy poco tiempo formará sólo parte de los desagradables recuerdos que nos dejará este episodio.

Es indispensable decir, sin embargo, que las palabras del Presidente no encuentran asidero en ninguna experiencia pasada, ni propia ni externa, porque se trata de algo que no ha ocurrido nunca.

Nunca en la historia del País se han perdido tantos empleos formales en un período tan corto. Pero, sobre todo, jamás en la historia de nuestro país –ni siquiera en los momentos de más boyante economía– se han creado dos millones de empleos en un año.

Esto para ya no hablar de que los empleos que cuentan, los de carácter permanente, los que hacen crecer la economía, no los genera el sector público, sino el privado, es decir, las empresas. En otras palabras, los empleos que necesitamos recuperar son los que se están perdiendo y para eso no existe plan alguno, según se ve.

Mediante la inyección de recursos al listado de proyectos enumerados ayer por el Presidente se podrá aliviar una parte del problema, pero eso será sólo una aspirina que no revertirá el daño, pues en casi todos los ejemplos expuestos no se trata de empleos reales, equiparables a los que se han perdido.

Pretender que le compremos ese argumento constituye, por parte del Presidente, un exceso retórico que pone en duda, una vez más, el compromiso que asegura tener con la verdad.