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El ideólogo de Trump dice en California que el Estado “se separará de Estados Unidos” si no lo recuperan los republicanos

Bannon señaló a los republicanos un enemigo en el que no se están fijando: Silicon Valley. Lo llamó “la resistencia”. Muchos grupos demócratas se llaman “la resistencia”. Los había protestando en la puerta de la convención. “Esos no son la resistencia”, dijo. “La resistencia es esta combinación de consultores, lobistas, élites corporativas. En el corazón de la resistencia está Silicon Valley. Quieren todos los beneficios de la sociedad libre, todos los beneficios de este mundo globalizado sin reglas”. Para Bannon, la burbuja tecnológica es el epítome del mundo que está dejando atrás al trabajador norteamericano y con el que quiere acabar.

"Los señores de la tecnología", los llamó. "Tenéis algo muy peligroso en este Estado". Bannon lanzó una profecía sobre California, en la que la combinación de las "élites globales" y las políticas progresistas y abiertas que apoyan con su dinero van a producir que el Estado "en 10 o 15 años se separe de la Unión". Cargó a los republicanos con la responsabilidad de "parar esto".

El sur de California es la casa de Bannon. Aquí intentó ser productor y guionista de cine y aquí se metió en el equipo fundador de Breitbart, en Los Ángeles, la web de provocación extremista que le catapultó como referencia de la derecha alternativa. Bannon dirigía Breitbart cuando Trump lo contrató como director de campaña. Tras su salida de la Casa Blanca, volvió a dirigir la publicación, solo que desde Washington. Este viernes se llamó a sí mismo “el brazo derecho externo” del presidente Trump, presumiendo de tener la misma influencia que cuando era estratega jefe de la Casa Blanca.

Son tiempos de anemia política para los republicanos de California. Solo el 26% de los registrados para votar en el Estado están apuntados por el Partido Republicano. Los registrados demócratas son el 45%. Hay más independientes que republicanos en California. Hillary Clinton ganó el Estado más poblado y rico de EU por 4.2 millones de votos, una diferencia que viene a explicar casi por sí sola la diferencia global de votos en las elecciones. Aun así, hay 5,2 millones de votantes republicanos en California (más que la población de 29 Estados), y su dinero es fundamental para levantar campañas.

 

A la derecha de California le costó hacerse de Trump. Hace solo tres años, este partido tenía un candidato a gobernador de origen indio porque estaban convencidos de que solo atrayendo a las minorías conseguirían salir del agujero. Un partido de viejos blancos votándose unos a otros estaba condenado a morir de forma natural, era el comentario más repetido.

En la convención de hace dos años, en este mismo hotel de Anaheim, los republicanos debatieron y aprobaron una enmienda para eliminar la palabra “extranjero ilegal” de sus estatutos. Lo hacían para “dejar de dar miedo” en un Estado donde los latinos ya han superado a los bancos no latinos como la mayoría étnica (más de 14 millones de personas) y votan abrumadoramente al Partido Demócrata.

Y el año pasado, en la convención de San Francisco justo al final de las primarias, este era el Estado de los nevertrumpers, los grupos que prometían dar la batalla hasta el final de las primarias para evitar por todos los medios la victoria de Trump hasta que se hizo inevitable. La demografía de California no ha cambiado en dos años. Bannon intenta convencer a los republicanos de que el camino a la victoria no está en atraer a los inmigrantes, sino en el otro lado, el suyo.

La guerra avanza. El viernes por la noche, los republicanos de California que alumbraron a Ronald Reagan y a Richard Nixon jugó a ser antiestablishment por una noche, a 100 dólares el cubierto, aplaudiendo y riendo a una estrella mediática de la derecha alternativa. Si los Bannon consiguen convencerlos de verdad de sumarse a la rebelión, se verá en las elecciones de 2018. Por cierto, tanto Bush como McCain tuvieron más votos que Trump en Califrornia.