El reciente pronóstico publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) de la dinámica económica mundial muestra la fuerte contracción del crecimiento económico en este año por la crisis atípica por los estragos de la pandémica de COVID-19.

Las proyecciones presentadas son altamente desalentadoras, con resultados pesimistas mostrando la contracción de América latina con una disminución de 9.5%, del mismo modo, un decrecimiento para México de 10.5%, siendo el análisis más fatal que se ha presentado para el país aunando una curva de contagios y de muertes acumulada al alza, sin embargo, ningún pronóstico o proyección es certero por la variación y profundidad del comportamiento del ciclo económico en el que influyen muchas variables -no necesariamente económicas- que tienden a modificar los resultados, siendo así menos palpable aproximarnos a entender de la realidad mostrando un alto grado de incertidumbre.

Tan terrible son los efectos de la pandemia, que en el mes abril fue el auge del confinamiento donde la actividad economía enfrentó su peor etapa desde hace 102 años tocando fondo con una caída de 19% del PIB, según declaración de la Secretaria de Hacienda y Crédito Público (SHCP), inducido por detener el 90% de la actividad económica de manera obligada para mitigar el contagio del coronavirus y reduciendo la movilidad de mercancías como de personas en el 85% en confinamiento voluntarios.

Recientemente, el Inegi público los resultados del Indicador Mensual de Actividad Industrial (IMAI) para el mes de abril tiendo una desaceleración de -25.1% en todo el sector respecto al mes anterior, se mostró que la actividad de la construcción se redujo 32.8%, negando la colocación de capital para su reproducción ampliada proporcionalmente a la remodelación de la naves industriales o extensión de infraestructura en otra área geográfica de la fábrica y en la esfera inmobiliario.

Del tal modo que, la producción industrial retrocedió 29.6%, revelando una nula rotación de capital para su reactivación para la inversión de capital fijo (herramientas, maquinaria y equipo) y capital variable (fuerza de trabajo) en la actividad industrial sin ninguna ampliación de capital a la parte proporcional al capital fijo y variable.

Nuevamente el Banco de México (Banxico) reportó una disminución de 50 puntos de la tasa de referencia para ubicarse en 5% en el sentido que, los capitales extranjeros y locales, inviertan en vez de ahorrar su capital -o sus ganancias-, impulsando la reproducción ampliada de capital para el mejoramiento técnico o de infraestructura y de mano de obra para la reactivación del ciclo económico, no obstante, las expectativas de la demanda agregada en los últimos años tendencialmente van a la baja por la reducción del gasto en los hogares y la ocupación. Los capitales en la mayoría de lo caso optan colocar su capital-dinero en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) o en cualquier otro mercado accionario, donde se juega con base a la especulación de las expectativas a futuro de las ganancias de las esferas productivas y distributivas siendo una actividad que no genera valor.

Curiosamente hace unos días la bolsa mexicana de valores presentó un nuevo índice de cotizaciones de empresa socialmente responsable con el medio ambiente, social y de gobernanza: “S&P/BMV Total México ESG Index”, con una gran aceptación entre los accionistas de la BMV. Sin embargo, lo curioso es que cuando la economía nacional está en su peor momento (desde la Gran depresión de 1932) pareciera que el sector financiero -y particularmente el bursátil- estuvieran antagónicamente operando de modo contrario a la dinámica de la economía real, cuando el sector productivo y distributivo está en su peor etapa recesiva, el sector financiero se encuentra en un paraíso celestial, siendo contradictorio con las  expectativas a futuro que no son claramente positivas a sabiendas que la económica mundial como nacional vislumbra incertidumbre e inestabilidad por los posibles rebrotes de coronavirus los índices bursátiles van a la alza a nivel mundial y nacional. 

El sector financiero es parte también la actividad bancaria. En México obtienen el 30% de sus ganancias por cobros de sus operaciones de comisiones y servicios por manejo de cuenta, siendo las terceras bancas comerciales más costosas de América Latina, después Argentina y Uruguay; según información de la Condusef.

En consecuencia, el sector financiero puede suscitar burbujas financieras, tanto en lo bancario por el aumento de la tasa de interés al crédito originando deudas impagables por parte de la clase trabajadora (por tener sueldos y salarios precarios), afectando a los ahorradores por falta de liquidez de sus rendimientos y de su capital-dinero invertido.

En lo bursátil por la falsa colocación de capital (capital ficticio) en los sectores productivo y distributivo, que son los soportes de la economía real y por consiguiente de la esfera financiera, creando ilusorias sensaciones de tranquilidad, de bonanza y de buenas expectativas al futuro. No obstante, el capital-dinero sigue circulando en el mercado accionario, implicando grandes distorsionando a la economía por cambios relativos en las reservas internacionales que puede llevar a la devaluación de la moneda nacional y por la volatilidad de tipo de cambio y que modifica el cobro de capital e interés de las deudas públicas. Por ejemplo, en México la deuda publica ascendió a finales del mes abril de este año a 12 billones 361.5 mil millones de pesos cuando en el mismo mes, pero el año anterior representaba 10 billones 734.0 mil millones de pesos, tuvo un incremento relativo de 15.1% siendo que, el gobierno federal, no ha solicitado deuda pública y sucede por la volatilidad del tipo de cambio por la nula entrada de dólares al país reduciendo su demanda por el confinamiento creando un aumento de su paridad con respecto al peso.

Para revertir el desastre cortejado por la pandemia y el agotamiento del ciclo económico por el efecto natural del sistema económico capitalista, el gobierno de México ha puesto en marcha una táctica un poco ortodoxa para la lógica historia de funcionamiento del sector público, porque la estrategia concreta se basa en la denuncia política y publica desde la trinchera comunicacional del presidente AMLO la mañanera teniendo certeza e inteligencia que le ha causado resultados favorables, como es el caso del aumento de la captación fiscal para la recaudación tributaria es de 1 billón 597 mil 097 millones de pesos en el primer trimestre de este año, con un aumento real de 4.9% con respecto al mismo periodo pero del año anterior, pese a la pandemia. Otra arista de esta estrategia es la denuncia de la evasión fiscal de las facturas falas que es una práctica que se tiene conocimiento desde 2010 (que ascendía a 300 mil millones de pesos), el presidente lo nombró como un “fraude monumental”, donde el gobierno federal interpuso denuncias penales a las autoridades competentes contra figuras tanto físicas como morales.

En la semana entrante el jefe del Ejecutivo federal dará a conocer a los involucrados donde el primer paquete de cobros escala a 48 mil millones de pesos. Si el gobierno federal logra consumar la devolución de la evasión fiscal y si continúa la tendencia de la recaudación fiscal será una estrategia certera e inteligente que tendrá mayor margen para enfrentar la crisis económica y de salud.