Ahora tienen una amenaza que aumenta sus posibilidades para formar una dinastía en la NBA

Cuando llegó Kevin Durant a los Warriors muchos ya los ponían como una dinastía sin embargo en el último receso sumaron a DeMarcus Cousins por un año, con un contrato muy bajo pero ahora que está de regreso, convirtió al equipo en una fuerza muy poderosa. 

En la era Steve Kerr (la que inició esta dinastía cuyo primer título llegó en 2015), el equipo nunca había contado con un interno tan dominante. 

La inclusión de Cousins no hizo más que incrementar el poderío de los Warriors. Con los anteriores o los jóvenes pivotes de esta temporada (Kevon Looney, Damian Jones y Jordan Bell), las formaciones rivales podían dedicar más herramientas defensivas a la detención de los perimetrales y Durant. Ahora, sin embargo, la ofensiva de Golden State es todavía más impredecible: Cousins es una verdadera amenaza en la pintura.

Pero aquello no es lo peor. Su presencia  le dio al equipo un rasgo que no había tenido desde su concepción: un centro con buena mano. Y eso lo caracteriza en su capacidad de asistir tanto desde el eje de cancha como para sacar pases abiertos a partir de la penetración, pero también para lanzar de tres (tiene un correcto porcentaje de acierto cercano al 35%), algo inédito para los internos de Kerr.

Recién empezando a entrar en ritmo, Cousins promedia en 9 presentaciones 22 minutos en cancha, lejos de los 32 de su trayectoria. Aun así, le alcanza para estar en los casi 15 puntos, 7 rebotes y 4 asistencias por noche. 

Lo que pasará después está por verse. El contrato de Cousins finaliza al término de esta temporada, al igual que los de Klay Thompson, Draymond Green y Kevin Durant. Ya habrá tiempo para ese tipo de preocupaciones. Mientras ellos comparten el parquet, los que deben preocuparse son los rivales.