En tiempos actuales expresamos nuestra opinión principalmente a través de redes sociales. Éstas han adquirido tal importancia que, para algunos, representan el único medio de comunicación o interacción en sociedad. Desde cuestiones tan simples como hablar con familiares, amistades o pareja, hasta cuestiones laborales o profesionales, en ocasiones ya únicamente se tocan a través de ellas.

Día a día, millones de personas las utilizan para compartir noticias del mundo actual, así como para desarrollar muchas actividades diarias, personales, laborales, deportivas, de opinión e ideología, sin pensar en los alcances o repercusiones que puedan llegar a tener.

Quizás vale la pena preguntarse: ¿qué importancia e impacto tienen las redes sociales en el ejercicio del derecho a una libre expresión? Y es más: ¿somos realmente libres a la hora de publicar lo que pensamos o existe alguna limitante? ¿Cuándo el ejercer nuestra opinión puede resultar violatorio para los derechos de los demás? ¿Qué sucede con el derecho de los demás a su dignidad y honra si las opiniones plasmadas resultan en una calumnia? ¿Cuándo el ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión puede resultar en la promoción de un discurso de odio?

Cada vez son más frecuentes los casos en los que una publicación se convierte en guerras de opinión que muchas veces pueden traspasar lo tecnológico: enemistades y discusiones latentes entre ciertos grupos se pueden convertir en conflictos reales.

Van algunos ejemplos. Publicaciones que se hacen con el objetivo de buscar a una persona desaparecida o de prevenir el tráfico en una zona dónde se suscitó un accidente vial se convierten, en ocasiones, en un trampolín para que se comience a juzgar y difamar a las personas en cuestión. Publicaciones que buscan promover el apoyo a la comunidad LGBTI+ se convierten en un micrófono para todos aquellos que tienen pensamientos homofóbicos. Y los ejemplos pueden continuar.

Nuestra sociedad necesita que utilicemos las redes sociales de una manera más productiva e inteligente. Valdría la pena que se hicieran campañas para concientizar el impacto que tiene expresar una opinión al grado de ofender a los demás o hasta generar odio.

Antes de publicar contenido en las redes, sería buena idea ser más cuidadosos y escrupulosos en cuanto a la responsabilidad de las palabras, sin perder el derecho la libertad de expresión y, al mismo tiempo, sin pasar el límite del derecho de los demás a ser respetados o no difamados.

Si bien es cierto que el derecho a la libre expresión nos otorga la posibilidad de manifestar nuestras ideas, opiniones y pensamientos, esto no quiere decir que tengamos legitimado el derecho al insulto o la libertad de desprestigiar. Tampoco nos ampara para agredir o plasmar comentarios lesivos sobre otros. Sin embargo, tampoco está regulado o establecido un límite para no hacerlo.

Reflexionemos acerca de no perder nuestra esencia ni limitar nuestro derecho de opinar, siempre y cuando lo hagamos con prudencia para respetar igualmente los derechos de los demás.

La autora es secretaria Técnica de la Academia IDH

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH Derechos Humanos S. XXI