La obra está basada en textos de Pedro Almodóvar y Carlos García Flores, se trata de una alegoría en 12 coreografías. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo
Presentada por el Ballet de Coahuila, esta obra expresa los estados de ánimo que enfrenta el sujeto amoroso cuando pierde al objeto amado

Los festejos por el 39 aniversario del Teatro de la Ciudad Fernando Soler continúan y nuevamente fue la danza la encargada de involucrar al público saltillense en estas celebraciones con la presentación de la obra “La última carta” a cargo del Ballet de Coahuila.

Dirigida por Javier Rodríguez, basada en textos de Pedro Almodóvar y Carlos García Flores, se trata de una alegoría en 12 coreografías sobre los estados de ánimo que enfrenta aquella persona que ha perdido “al objeto amado”, como es descrito en la sinopsis del espectáculo.

Trama. “Dicen que cuando uno quiere olvidar, deja de escribir, y esta es la última carta”, recita un narrador mientras en escena le ponen movimiento a la palabra. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

La propuesta es estéticamente ecléctica. Reúne coreografías y pistas musicales de muy diversos géneros, aproximándose a la experiencia de la pérdida desde distintos ámbitos, aunque en su mayoría mantiene elementos minimalistas en la producción escénica y de vestuario.

Comienza con una pieza que bien podría ser descrita como “clásica”, con la voz de una soprano dándole la música a la coreografía, mientras los bailarines en escena danzan —ataviados con indumentaria de detalles renacentistas, pluma de ganso en mano—, con pasos controlados, al tiempo que redactan cartas.

Espectacular. La energía y el sentimiento transmitido cambian con cada escena, con cada intervención de quienes arriba entregan historias en cada paso. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

Una de estas cartas es leída en voz alta por un narrador no presente. “Dicen que cuando uno quiere olvidar, deja de escribir, y esta es la última carta”, recita el hombre, al tiempo que una de las cartas es arrugada y cae al suelo, donde permanecerá durante el resto de la obra.

Este elemento, ésta última carta, efectivamente no será removido del escenario y servirá como punto de relación entre las piezas dancísticas, muchas de ellas muy diferentes entre sí. 

Coreografías. La propuesta es estéticamente ecléctica. Reúne coreografías y pistas musicales de muy diversos géneros, aproximándose a la experiencia de la pérdida desde distintos ámbitos. Foto: Vanguardia/Omar Saucedo

Mientras que en algunas de estas coreografías los bailarines interactúan con la carta, bailan a su alrededor o para ella, otros en cambio la ignoran.

La energía y el sentimiento transmitido también cambian con cada escena. Desde el dolor que implica la ruptura y la lejanía forzada entre amado y amante, hasta la lujuria de quien busca un reemplazo pasajero, la ira y la frustración o el miedo a un nuevo amor.