Actualidad. Saltillo ha crecido, lo que se hacía en las casas ahora se hace afuera, por ejemplo: comidas, velorios, bodas, fiestas y consultas médicas, dice el historiador Carlos Recio. | Foto: Vanguardia
El historiador Carlos Recio recuerda cómo era la relación de los médicos con la comunidad

Hubo una época en que los médicos atendían a domicilio, trataban a toda la familia y se volvían confidentes y consejeros, reconocidos en la comunidad por su trato personal y profesionalismo. Eran tiempos en que un doctor no trataba a un paciente como una mercancía, sino como a una persona. Y así como Saltillo iba creciendo, estos médicos formaron una fama y cariño que trascendió los años y fronteras de la ciudad. Hoy es el Día del Médico en México, y los saltillenses recuerdan la generosidad de sus doctores de cabecera.

“En el caso de Saltillo, como la ciudad era más pequeña, generalmente era muy común que los médicos acudieran a las casas a consultar, a pesar de que tenían sus consultorios. Todavía en los años 60 era algo muy común. Ahora eso ya no existe”, dijo el historiador Carlos Recio.

DIAGNÓSTICO A LA VISTA

Durante la primera mitad del siglo 20 y antes, un doctor basaba gran parte de su diagnóstico en lo que observaba en su paciente. Antes de mandar hacer estudios de sangre o análisis más especializados, el médico tenía que ver con atención a la persona, sus rasgos en la piel, movimientos del cuerpo, o escuchar con atención al paciente, para así, de puro ojo, identificar el padecimiento.

Algunos tenían una gran capacidad de acierto en sus diagnósticos, como el doctor Hugo Castellanos Ramos, conocido entre los saltillenses y que tiene una calle con su nombre en la colonia Zaragoza.

Y cuando uno está en cama, enfermo, sufriendo o incluso al borde de la muerte, la ayuda de un médico deja gratitud en los pacientes y familiares.

Por la relación más cercana que existía antes entre doctor y paciente, este agradecimiento se manifestaba con llamadas, regalos, saludos, muestras de afecto y una fidelidad a lo largo de los años. Era muy común que si una persona se aliviara de algún mal, recomendara al médico a sus amigos y familiares aunque radicaran en otra ciudad.

Tal es el caso del doctor Manuel Ortiz de Montellano, que recibía pacientes de la Ciudad de México por recomendaciones de su familia que vivía de la capital del país. También este doctor tiene una calle con su nombre que atraviesa las colonias Villa de San Carlos y Los Doctores Primera Ampliación.

UNA LEGIÓN DE ÁNGELES

Y así como estos dos profesionales de los que hoy contamos una parte de su historia, existieron otros doctores que impulsaron la construcción de hospitales, formaron asociaciones, trajeron conocimientos de Estados Unidos y Europa para mejorar los servicios de salud y se involucraron en la vida pública de la comunidad, como Gonzalo Valdés, Carlos Avilés Falco, Jorge Fuentes, Carlos Cárdenas Valdés, Juan Gallard Galindo, Raúl Rodea Rico, entre otros.

“Anteriormente como que era más personalizado el servicio, ahora, a partir del Seguro Social, el ISSSTE, que consultan a lo mejor 20 personas, aunque quieran no es posible, porque el tiempo es muy limitado y la población ha crecido mucho.

“Antes sí, llama la atención que el médico iba a las casas; ahorita es impensable. Otra cosa interesante es que hasta principios del siglo 20, los hospitales que había en Saltillo eran para gente pobre, o sea, los ricos no iban a un hospital, era para gente que no tenía donde curarse”, explica Carlos Recio

Ahora los saltillenses viven tiempos distintos, la medicina ha cambiado, se ha vuelto más técnica, muy precisa, analítica, con lo que ha ganado en precisión y dejado de lado algo de la cercanía de antaño.

Entregado. El doctor Manuel Ortiz de Montellano fue muy querido por sus pacientes.

Hizo de la medicina un apostolado

¿Todavía hay doctores que abran los domingos y regalen un desayuno a los pacientes que vienen de ejidos cercanos a Saltillo? Así recuerdan al doctor Manuel Ortiz de Montellano, como un profesional generoso y atinado con sus diagnósticos, que vivió y trabajó hasta los 94 años en su consultorio en la calle Acuña, en el centro de la ciudad.

“Siempre fue un hombre muy íntegro, con mucho sentido de responsabilidad, un hombre muy generosos, muy afable, abría su consultorio todos los días de la semana, incluso los domingos en la mañana, porque decía que los domingos era cuando venían los de los ranchos a recetarse porque no podían venir en otro tiempo, muchas veces ni les cobraba, o le pagaban con un pollo o un guajolote o simplemente con un ‘Dios lo bendiga, doctor’”, platica Concepción Ortiz de Montellano, una de los siete hijos del doctor.

Manuel Ortiz de Montellano nació en la Ciudad de México en 1903 y estudió Medicina en la UNAM y una especialidad en la Universidad Columbia de Nueva York.

Él no se imaginaba que un día trabajaría y daría clases de Medicina en Saltillo y que formaría una Asociación de Médicos y sería pionero en la fundación del Partido Acción Nacional en esta ciudad. Pero lo hizo y los saltillenses lo recuerdan por su carácter afable, por su vida profesional y pública intensa, plena.

Antes de venir a Saltillo, trabajó en un hospital de la capital del país, y un día se fue de caza con un amigo a La Piedad, Michoacán. Pero él fue cazado y se quedó ahí, se casó y tuvo tres hijas, platican entre risas tres de sus hijos, Concepción, Carlos y Eduardo.

LA GUERRA CRISTERA

“Le tocó ahí la Guerra Cristera, salía él a atender a los heridos los domingos, de los cristeros, y también atendía a los soldados, atendía a todos”, cuenta Carlos sobre la labor profesional de su papá.

Para los 32 años, con esposa y tres niñas, el doctor  Ortiz de Montellano llegó a Saltillo para dirigir el Hospital de los Ferrocarriles Nacionales de México, y puso su propio consultorio en la calle Acuña 146, atrás de la casa que habitó con su familia.

Cuando no tenía enfermera, su esposa Elisa lo ayudaba con la atención necesaria para sus pacientes, mientras sus hijas ayudaban a sacar plática a los visitantes o les llevaban comida si no habían desayunado. A sus hijos varones, les buscaba trabajos con amigos los fines de semana o durante el verano.

Además de su fama como médico que atendía todos los días, a domicilio, temprano y de noche, también fue conocido por sus ideales políticos, incluso llegó a hacer campaña para ser senador federal. Aunque no ganó, su trabajo por la salud de los saltillenses trascendió.

El doctor Ortiz de Montellano falleció el 31 de julio de 1997, y todavía días antes abría su consultorio después de desayunar. Ya no hacía consultas a domicilio, pero la gente le hablaba por teléfono para alguna consulta. Ese día después de comer, se fue tranquilo, con un legado del que hijos y pacientes pueden presumir.

Incansable. El doctor Hugo Castellanos fue un hombre íntegro, de valores firmes.

Casado con la medicina y sus pacientes 

Si hablamos de doctores todo terreno, los de batalla, los que son queridos e influyen en una comunidad, podemos hablar del doctor Hugo Rogelio Castellanos Ramos, quien fue director del Hospital Universitario de Saltillo de 1999 a 2005.

Era la clase de médico que empezó en el campo, que iba a casa de los pacientes a cualquier hora, en carro o a caballo cuando trabajó en los ejidos, y que en la ciudad siguió atendiendo a gente de Coahuila, Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí e incluso de Texas.

“Lo conocían mucho, primero, por ser una persona que tenía un muy buen ojo clínico, tenía un don especial para detectar las enfermedades”, cuenta su hijo Julio Castellanos.

Al doctor Hugo Castellanos le gustaba platicar con los pacientes, los observaba, escuchaba y detectaba el padecimiento. Esta práctica era más común antes. Hoy la mayoría de los médicos trabajan conforme a estudios y análisis previos para atender el malestar.

En Saltillo, el doctor Hugo Castellanos formó una historia de casi 40 años de trabajo, pero su vida comenzó el 14 de julio de 1937 en un ejido de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, de donde se trasladó a Torreón, Coahuila, para estudiar Medicina en la UAdeC.

Al concluir los estudios realizó su servicio social en la zona rural de Ramos Arizpe y General Cepeda y al terminar se estableció en Saltillo. Desde entonces esta ciudad se volvió su hogar.

Era una ciudad más pequeña cuando él llegó en la década de los 60. Abrió su consultorio en la Calzada Madero, frente al ahora Hospital Universitario, y la gente del campo que atendió durante su servicio social lo siguió visitando para consultas o remedios: el doctor muchas veces no les cobraba al ver la necesidad de las personas.

“Se volvió reconocido por su don de gente y la atención familiar que tenía con sus mismos pacientes. Entablaba un amistad muy grande con todos, se ganaba muy fácil a las personas, y las personas lo querían mucho, lo buscaban a veces como consejero. A veces no lo buscaban por enfermedades, lo buscaban para ir a platicar, lo buscaban también como un amigo”, platica su hijo Julio, quien recuerda los múltiples reconocimientos que tuvo su papá, como la Presea Saltillo junto a David Cabello y Braulio Cárdenas, o la Presea Rotario o reconocimientos por parte del Municipio, el Estado o la Universidad.

Llegó a ser una personalidad tan conocida, que partidos políticos se acercaron para proponerle que se lanzara como candidato a Alcalde de Saltillo. Él rechazó las invitaciones. Él estaba casado con la medicina y sus pacientes.

DE UNA ESTIRPE ESPECIAL

El doctor Hugo Castellanos pertenecía a la estirpe de médicos que atienden un llamado en la noche, van a la casa del paciente y se quedan despiertos cuidando al enfermo. Ese es el trato que él daba a sus pacientes, siempre con afecto y cariño.

Era un médico general de batalla, le entraba a todo y resolvía problemas de salud.

Durante su administración como director del Hospital Universitario, se realizó la última gran remodelación, que abarcó áreas de terapia intensiva, medicina, cirugía, oficinas administrativas, cocina, lavanderías, suites, hemodinámica y enseñanza.

El doctor Hugo Castellanos falleció el 28 de mayo de 2005, y aún hay mucha gente que lo extraña, porque encontraban en él un apoyo y una cura para sus males.