El invierno y las efemérides del frío en Saltillo y la región
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Recuerdo los años cincuenta, las heladas tardes sin sentir los pies en el camión del colegio, de regreso a casa; con el uniforme de faldita que lo mismo servía para el verano que para el invierno
Plena temporada invernal. Temperaturas muy frías, pero sin bajar de cero grados; frío por muchos días consecutivos, aun cuando el cielo no suelte eso que llaman “aguanieve” o la nevada que acostumbra vestir de blanco el paisaje invernal. No ha llegado todavía el intenso frío que envuelve en transparencias las hojas de las plantas y hace estalactitas cuanto un chorro de agua escurre en cualquier parte, incluidos los cables que cuelgan de postes y de torres.
Recuerdo los años cincuenta, las heladas tardes sin sentir los pies en el camión del colegio, de regreso a casa; con el uniforme de faldita que lo mismo servía para el verano que para el invierno, los zapatos húmedos y las calcetas que sólo cubrían hasta debajo de las rodillas. Llegábamos casi a punto del congelamiento al calor de una mágica chimenea de leños chisporroteantes. No había ropa térmica ni la variedad de materiales con que hoy en día se confecciona la ropa de invierno. ¡Bendito sea Dios!
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Vamos entonces a los historiadores. Vito Alessio Robles, considerado el padre de la historiografía del noreste, dice en su libro “Saltillo en la Historia y en la Leyenda” que esta ciudad: “es notable por su salubridad y su hermoso clima, con el de Parras, el mejor del noreste de México...”. Y continúa: “Según el padre Spina, rector del antiguo Colegio de San Juan Nepomuceno, su sequedad, su frescura, su régimen de lluvias y la dirección de los vientos, la hacen excepcionalmente agradable y sana, con sus ocho meses de verano, dos de primavera y dos de invierno”.
Gaspar González de Candamo, ilustrado teólogo, obispo de Monterrey, afirmaba de Saltillo en 1791: “su sanidad apenas tendrá ejemplar en toda la América, sus aguas son abundantísimas y excelentes... en el Saltillo es siempre el aire fresco, y por consiguiente, más cómodo para la vida humana”.
Y volvemos nuevamente a 1886 con don Esteban L. Portillo, y buscamos en su “Anuario Coahuilense” los datos del clima que registró ese año, en el que Saltillo tenía sólo 25 mil habitantes. El autor expresa: “...la extraña configuración del terreno del estado, y su distancia del Polo hacia el Ecuador, su mayor o menor elevación sobre el nivel del mar, es lo que realmente viene a determinar la variedad de su clima, haciendo que lugares situados a una misma latitud y a muy corta distancia unos de otros, se encuentren bajo la influencia de distintos climas”. Agrupa los climas en tres categorías: tierras frías, tierras templadas y tierras calientes, y dice que las frías son las que están a una altura de 2 mil metros en adelante sobre el nivel del mar, las templadas entre mil y 2 mil y las calientes a menos de mil metros de altura. Voy a un curioso calendario en las últimas páginas, donde el autor consignó el santoral y algunas efemérides.
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Entre otras del mes de enero señala: “1841. Al sur de la Fábrica La Labradora (sic) fueron asesinados por una partida de indios los Sres. Lic. José Ma. Goríbar, Andrés Flores, Francisco Aguirre, Juan Rodríguez, Antonio Ma. Pérez, Crisanto Morales y Agapito Sánchez... 1867. A las cuatro de la tarde fue presentada en la Plaza de Armas al 1er. Batallón de Coahuila la bandera que bordaron las Sritas. Refugio Carbajal, Mariana Rodríguez, Dolores García Carrillo y Luisa López del Bosque. El Gobernador del Estado, D. Andrés S. Viesca y el Lic. D. Juan A. de la Fuente, a nombre de las señoritas presentaron dicha Bandera al Gral. Mariano Escobedo como Coronel del Cuerpo de Coahuila...1879. En un lance de honor murió en Piedras Negras el comandante de escuadrón Agustín Zúñiga...”.
Ya fuera del Anuario de Portillo, México está conmemorando el centenario del inicio de la Guerra Cristera, levantamiento armado católico que se oponía a las leyes anticlericales impuestas por Calles, y que en Coahuila tuvo escasos brotes. La efeméride moderna marca dos días en el calendario de enero de 1927. El día 3 se rebeló en Saltillo un grupo de 42 personas, encabezadas por Antonio Acuña Rodríguez, quienes al grito de “Viva Cristo Rey” salieron rumbo a la Sierra de Arteaga. Rechazados en Huachichil, se dispersaron y nueve días después, Antonio Acuña y Teodoro Segovia fueron apresados en El Cedrito y fusilados al día siguiente, 13 de enero, apenas 10 días después de su levantamiento.