Sin pausas. De manera casi robótica, pero sin olvidar ser amables, enfermeros y enfermeras vacunan a los adultos mayores uno tras otro sin descanso pues las filas son enormes. HÉCTOR GARCÍA
Cada 15 minutos abren un frasco con 10 vacunas, pues su meta es aplicar 8 mil dosis; abuelos les agradecen su dedicación y esfuerzo

Viene, viene. Otro vehículo arriba al módulo. Desactivan los seguros. Las puertas corredizas de una camioneta se abren. Cuatro enfermeras esperan con una jeringa lista. Torunda con alcohol al brazo y aplican la dosis.

La aguja entró en la piel áspera y arrugada de abuelitos sin sentir nada más que el alivio de haber recibido el medicamento y la sensación de un nuevo comienzo, la esperanza de ver a sus nietos o abrazar a sus hijos.

Al menos cada 15 minutos un frasco anticovid se abría para distribuir 10 vacunas en los brazos de adultos mayores que arribaron al módulo de la UAdeC Campus Arteaga. La meta, aplicar 8 mil.

Enfermeras y personal de salud recibieron detalles como galletas horneadas en casa o fruta de las manos de abuelitos que agradecieron la atención dada y su paciencia durante la aplicación de la dosis.

“Descúbrase el brazo izquierdo por favor, madre”, indicaban las enfermeras para la aplicación de la vacuna, explicando además los beneficios de recibirla, sobre todo con quienes dudaban de su eficacia.

Algunos abuelitos dieron la bendición personal de salud con la señal de la cruz sobre su frente, agradeciendo su dedicación, mientras que otros recibieron aplausos y porras.

“Tienen manos de ángeles”, aseguran las abuelitas, inexpresivas al recibir la vacuna, pero alegres de que hayan sobrevivido a una pandemia mundial.

HÉCTOR GARCÍA

CANSADOS, PERO LLENOS DE SATISFACCIÓN

La satisfacción de participar en esta jornada histórica es mucha, aseguró el personal médico, pero el cansancio que experimentan ante las horas enteras de pie, nulo descanso o mal pasadas de hambre y sueño también.

La mayoría de los enfermeros y enfermeras pasan más de 14 horas laborando en la jornada sin que se procure al menos una comida al día o bebidas energéticas por los organizadores.

“Lo que hacemos es traernos nuestros lonches en una hielera con cocas, y café en termos por la mañana”, comentó Aracely Hernández, enfermera de la Secretaría de Salud.

Para ir al baño, aseguraron enfermeros, hay que aguantarse hasta que haya oportunidad, aunque sí hay baños, la presión por cumplir la meta de dosis aplicadas nos obliga a no descasar ni un minuto. “No nos detenemos. Nunca paramos”.

La experiencia te va dando esto, y aunque sea el segundo día se han aplicado tantas vacunas que se mecaniza lo que hay que hacer”.
Enfermero.

‘VACUNACIÓN CASI MECANIZADA’

La coordinación que mantienen en cada mesa con dosis, jeringas, restos biológicos infecciosos, torundas y hojas de registros es casi robótica.

“La experiencia te va dando esto, y aunque sea el segundo día se han aplicado tantas vacunas que se mecaniza lo que hay que hacer”, agregaron los enfermeros al tiempo que continuaban preparando las jeringas para que el equipo las siguiera aplicando.

De forma simultánea, la jornada peatonal continuó al interior del Campus, donde la operación se repitió decenas de veces mientras cientos de abuelitos formados con filas que rodean de carros y peatones el perímetro de la máxima casa de estudios.

Adultos mayores acompañados por sus hijos, señores bajo sombrillas o sentados en sillas plegables, esperaban ingresar al plantel para ser vacunados.

Una vez adentro, los adultos mayores tomaron asiento con su sana distancia, fueron registrados y recibieron la primera de dos dosis aunque sin fecha certera para concluir la inmunización.