Raúl Vera, obispo de Saltillo

Opinión
/ 10 enero 2026

Vera llegó con la idea de crear entre los sacerdotes un sentido comunitario: que no estuvieran encerrados en su parroquia, sino trabajando por un proyecto pastoral común

Sacro y profano” es un programa de Bernardo Barranco, quien estudió Sociología de la religión en París. Presentó un resumen de los diez años que tiene en la pantalla chica. Habló de los muchos entrevistados, entre otros, nuncios apostólicos (Mullor, Prigione), obispos, filósofos (Enrique Dussel), ecologistas, religiosas de la teología de la liberación, personajes de más de quince países. Hizo un listado de cincuenta y, al final, dijo: “y en especial a don Raúl Vera, obispo de Saltillo”.

Ese “en especial” me provocó a entrevistarlo. Me recibió amablemente y charlamos durante hora y media. No grabé, hice apuntes.

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Don Raúl llegó a Saltillo porque el presidente Ernesto Zedillo no lo quería en Chiapas. Lo había enviado el Papa con la consigna de oponerse a las labores de don Samuel Ruiz, cosa que no hizo. Lo quisieron enviar a la diócesis más pequeña, pero Prigione, que lo conocía y estaba en Roma, sugirió Saltillo.

Raúl Vera llegó con la idea de crear entre los sacerdotes un sentido comunitario: que no estuvieran encerrados en su parroquia, sino trabajando por un proyecto pastoral común.

Un seminarista americano, Robert Coogan, pidió ingresar a la diócesis. Terminó sus estudios de teología y propuso atender a los homosexuales y a los presos. Sucedió en el año 2000. Hoy todo ha cambiado, y las personas que viven esa situación ya no son vilipendiadas. El cardenal encargado de los obispos lo llamó a Roma para prohibirle esa labor. ¿Pastoral homosexual? ¡Qué enredo! ¡Viven en pecado! No obedeció. En todo el mundo sólo había tres obispos que atendían homosexuales: un brasileño, un español y el de Saltillo. Don Raúl lo justificó: ¡son cristianos especiales!

Luego vino algo problemático. En Monclova había militares cuidando las actas de votación del candidato priista Felipe Calderón. Vestidos de civil se dirigieron a un bar de Castaños. Bebían y ofendían a las muchachas que atendían el lugar. Empezaron a tocarlas y sobarlas en lugares íntimos. Un policía municipal los echó fuera. Regresaron con su uniforme militar, armados, y se pusieron a ingerir alcohol y comer lo que había, sin pagar. Pronto violaron a las muchachas, uno tras otro. Raúl Vera tomó sobre sí el hecho y denunció a los soldados. Por suerte, el secretario de Defensa los destituyó y entregó a la justicia civil. Y hay que aclarar: Felipe Calderón, apenas entrando, los liberó, dándoles el perdón. Don Raúl y Jaqueline Campbell hicieron lo que pudieron por esas mujeres. Don Raúl remató: “porquería de presidente”.

Llegó una tercera prueba. Explotó la mina de Pasta de Conchos, en Nueva Rosita, quedando atrapados 65 mineros. Ya se había creado la Diócesis de Piedras Negras con un obispo regiomontano que, en vez de apoyar a las familias (se ignoraba si vivían o estaban muertos), intentó convencerlas de aceptar el hecho. Entró Vera a defender a las viudas y atacó a la empresa, cuyo dueño era Germán Larrea, quien no hizo nada por salvar a los atrapados o rescatar sus cuerpos.

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Don Raúl no conocía a nadie a su llegada. El padre Humberto González lo introdujo en la sociedad saltillense, en especial con los cuatro grandes empresarios y Enrique Martínez. A propósito, un empresario dijo que no querían en Saltillo al padre Pedro Pantoja, pues había apoyado la huelga de Cinsa-Cifunsa. Vera lo envió a General Cepeda. No dejó de lado el agradecimiento al padre Gerardo Escareño, su brazo derecho. Por otra parte, sucedió algo grave: guardias del ferrocarril mataron a pedradas a dos jovencitos centroamericanos migrantes al sur de Saltillo. Esto detonó un fuerte apoyo a Belén, Posada del Migrante, que ya dirigía Pantoja.

Gran obra fue la creación del Centro de Derechos Humanos Fray Juan de Larios, para lo cual trajo a una experimentada mujer: Blanca Martínez. Ella inició la organización “Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila” (había, si mal no recuerdo, mil 702). Este grupo, en su mayor parte de mujeres, fue un ejemplo para el país. Blanca recibió un premio internacional como defensora de derechos humanos. Don Raúl otro y Pantoja uno en la UNAM y dos en los Estados Unidos.

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