Foto: Especial
María Solís Godínez, de 75 años, comenzó a presentar malestares y se desmayó tras recibir la vacuna contra coronavirus en Metepec, por lo que fue trasladada a un hospital, donde fue declarada muerta

Pachuca, Hidalgo.- Familiares de María Solís Godínez, de 75 años, habitante de la comunidad Las Trojas, en el municipio de Metepec, en Hidalgo, informaron que la mujer falleció 15 minutos después de recibir la vacuna anticovid de Sinovac esta mañana.

De acuerdo con la familia, la mujer acudió en compañía de su esposo y una de sus hijas al módulo de vacunación ubicado en la Estación Acapulco, en la cabecera municipal de Metepec, donde fue inoculada.

Señalaron que minutos después de recibir la dosis de la farmacéutica Sinovac, comenzó a sentirse débil hasta que al intentar acudir al sanitario se desmayó.

Al sitio llegaron paramédicos quienes trasladaron a la mujer a la clínica del IMSS en Metepec, sin embargo, al llegar ya no contaba con signos vitales.

Familiares solicitaron al MP de Tulancingo que les entregaran el cuerpo de María Solís, sin embargo al considerarse como riesgo biológico, este no ha podido ser velado como es el deseo de sus allegados.

Hasta el momento, los trámites se encuentran en la Procuraduría General de Justicia del Estado en donde los hijos de la mujer fallecida se encuentran en espera del resultado de la autopsia.

Primer caso con reacción desde el inicio de la campaña

En Hidalgo, la aplicación de la vacuna anticovid en adultos mayores comenzó el lunes 8 de marzo en Pachuca y la región de la Sierra Otomí-Tepehua, siendo el caso de María Solís el primero en registrarse como deceso producto de una reacción al biológico.

Al respecto, el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, informó que se indagará a muerte de la mujer, en coordinación de la Secretaría de Salud del estado y federal, para conocer las causas que provocaron el fallecimiento.

Disfrutaba la vida en el pueblo

Como todas las mañanas María Solís Godínez de 75 años se levantó temprano como lo había hecho toda su vida.

Las labores del campo obligaban a estar de pie desde antes que saliera el sol, aunque por la pandemia la rutina era diferente desde hace casi un año en su natal Las Trojas en el municipio de Metepec.

La comunidad al norte del inicio de la sierra Otomí-Tepehua en el Valle de Tulancingo, es una zona tranquila, donde el Covid-19 nunca hizo acto de presencia de forma masiva como en otros sitos de Hidalgo. Aun así, entre todos se cuidaban para que no se diera un brote.

María y su esposo Aurelio Mendoza, de 82 años, formaron una familia numerosa. Trece hijos, de los cuales ocho son mujeres y el resto hombres, una veintena de nietos y una vida plena y dichosa en la zona despoblada.

Este miércoles 10 de marzo de 2020, la vida tomaría un rumbo distinto. Ambos se registraron para la vacunación anticovid, la que tanto habían esperado para poder volver a la normalidad.

En compañía de una de sus hijas, el matrimonio partió rumbo a la Estación Apulco, la cabecera municipal de Metepec, que a pie toma un tiempo de aproximadamente 30 minutos. Ahí el gobierno federal instaló uno de los módulos para aplicar la vacuna a la población de la región con apoyo de la brigada Correcaminos.

María y Aurelio acudieron a la cita puntualmente y esperaron su turno, mostraron sus identificaciones y se sentaron para ser atendidos por el personal médico. Minutos antes del mediodía tocó el turno a María para recibir su primera dosis de la vacuna, la Sinovac que llegó procedente de Pekín para los habitantes de México, luego de un acuerdo con el gobierno de China.

La jornada transcurría de forma habitual y sin contratiempos como en otras sedes de la vacunación, Pachuca, Huejutla, Villa de Tezontepec, miles de dosis que ya habían sido inyectadas a hidalguenses adultos y personal médico sin ninguna consecuencia.

La enfermera pidió a María permanecer sentada unos minutos después de la aplicación, sin embargo, comenzó a sentir mareos y ganas de ir al baño. Su esposo Aurelio la auxilió para que se incorporara y pensaron que se trataba de alguna reacción pasajera.

María de desvaneció en el sitio, por lo que se tuvo que pedir el apoyo de una ambulancia para el traslado a la clínica del IMSS en Metepec, la más cercana. Por desgracia, al llegar al hospital ya no presentaba signos vitales.

María y Aurelio siempre convivieron juntos en el campo. A ella le gustaba trabajar en la hortaliza en donde producía nopal, maíz, lechuga, diversos productos que no solo servían para el autoconsumo, sino que les permitían tener un ingreso. Una de sus familiares llevaba a la venta la cosecha.

La tarde del jueves 11 de marzo, dos de sus nietos esperaban a las afueras de la Procuraduría de Hidalgo, a que les fuera entregado el cuerpo de su abuela; llevaban más de 12 horas de peregrinar entre Metepec, Tulancingo y ahora Pachuca para poder retornar el pueblo con los restos de María para que fuera velada conforme a las tradiciones.

Sin embargo, la autopsia de ley para determinar el riesgo biológico retardó el proceso; llegaron tíos y otros parientes, todos unidos en torno al dolor por la pérdida de la jefa de la familia. En su honor, buscan darle digna sepultura y una despedida donde todos puedan buscar consuelo a la tragedia. Sobre las causas se muestran escépticos, no quieren especular pero tampoco estar más esperando. La vida debe seguir y ellos toman fuerza en sus recuerdos, los más bellos, junto a María, su abuelita.