ESMIRNA BARRERA
Así como los metales se resisten a la deformación, la mente humana también puede ser cerrada, contraria a nuevas ideas

En memoria de mi padre, a seis años de su partida

Steve Wozniak, socio de Steve Jobs, trabajaba en HP cuando presentó la idea de un monitor con teclado de uso casero. La idea fue rechazada.

Doce editoriales rechazaron el libro Harry Potter de J.K. Rowling, debido a que fue escrito por una mujer y por tanto no tendría éxito, además de que, por ser una historia para niños, no se vendería.

Estos son algunos ejemplos de mentes cerradas que rechazaron propuestas fuera de serie; de mentalidades consideradas “expertas” que luego se tragaron su orgullo.

MOHOS

En 1812, el geólogo y mineralogista austriaco Friedrich Mohs (1773-1839) inventó un método para medir la dureza relativa de los minerales; me refiero a la capacidad de una sustancia sólida para resistir la deformación o abrasión de su superficie.

Esta técnica se usa hasta hoy en día en geología y en la industria de los recubrimientos cerámicos, precisamente para evaluar la dureza de los pisos.

Esta medida es conocida como la escala de Mohs y se basa en un principio sencillo y práctico: que un mineral sólo podrá rayar a otro de menor dureza.

La medida clasifica en orden creciente de dureza en base a diez minerales comunes: talco (1), yeso (2), calcita (3), fluorita (4), apatita (5), feldespato (6), cuarzo (7), topacio (8), corindón (9) y diamante (lo más resistente con dureza 10).

Así tenemos que los minerales de dureza 1, según esta escala, pueden rayarse fácilmente con la uña, como es el caso del talco, hasta llegar a corindón (9) que deja su huella en todos los demás minerales de la escala, salvo el diamante que es la única materia natural que se puede rayar con otro diamante.

Otro de los peligros de la dureza 10, es desconocer que la vida es muy inusual, que no todo puede ser predecible y que muchas situaciones sencillamente no se desarrollan acorde a un predeterminado plan”.
Carlos R. Gutiérrez, columnista.

TERQUEDAD

Todo esto viene a colación porque se me ha ocurrido que así como existe la escala de Mohs para medir la dureza de los minerales, habría que desarrollar otra graduación para la mente humana, que pueda transitar desde una mente (“cabeza”) abierta hasta llegar a la obstinación o terquedad total; es decir, ahí en donde no penetra absolutamente nada, por estar endurecida por paradigmas que sencillamente ya no funcionan o que de plano son falsos. Hoy hablaré sobre lo que creo clasifica en la categoría 10, el de la dureza total.

Existen cabezas parecidos a los diamantes (por duras, no por brillantes): las que nunca ceden; que no se abren hacia las nuevas ideas; que se obstinan con las opiniones o pensamientos equivocados; que tienden hacia la presunción y caprichos autoritarios. A esas que reflejan en el fondo pobreza de conciencia, razón o espíritu y que por tanto no hablan, no dialogan, sino que, guiadas por la ignorancia y el error, solamente gritan fuerte, gruñen fuerte y jamás ceden: o blanco o negro (por eso todos los errores son posibles).

CRITICAR

En esta escala también podrían encontrase personas que no aceptan que pueden existir muchos caminos para llegar a Roma: solo conocen uno y es el que ellos mismos han transitado. Por tanto, limitan y no brindan oportunidades a otros para que emprendan de manera distinta, para que caminen sus propias sendas.

En este escenario podríamos incluir a las cabezas que critican todo y a todos, pero que no hacen ni emprenden nada para cambiar la realidad que reprochan, que no escuchan.

Son los “híper críticos”, que no se satisfacen por nada ni por nadie, porque tienen el ego enfermo. Que no se arremangan las mangas para actuar, que no hacen lo que deben hacer porque toman como excusa aquello que los demás no hacen. Sin embargo, muchas veces, estas personas dicen: “debes hacer lo que yo digo, no lo que yo hago,” pues en ellas habitan profundas contradicciones.

Me refiero a esas mentes tercas que menciona Antonio Machado: “es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”, a esa clase de personas que manipulan e intimidan a todo aquél que opine diferente y que minimizan el éxito del triunfador, pues creen que lo podrían hacer mejor.

También podrían incluirse las cabezas que nunca reconocen que, de tiempo en tiempo, se equivocan, “que meten las patas”, debido a que están, permanentemente, a la defensiva y creen que siempre tienen la razón: su dureza les provoca pensar que son perfectos. Casi como dioses.

CERRAZÓN

En este nivel también cabrían los dogmáticos, que son los que por haber tenido una experiencia, por haber leído en algún espacio del internet, o por haber quedado convencidos por una conversación, sobre tal o cual tema, piensan que pueden dar lecciones a todos sobre lo que así han aprendido. En el fondo no piensan, sino hablan, pero con argumentos falsos.

Estas cabezas abrazan ideas no porque sean verdaderas, sino porque surge de un grupo de personas; es decir, porque es la “idea de todos” y entonces hay que seguirla, sin previa reflexión, solo por invitación.

Aquí se encuentran, por ejemplo, las mentes que aceptan como forma de vida el racismo y cualquier otra forma de discriminación humana. Estas mentes son las que siempre se oponen al diálogo, las que se fermentan en su propia ignorancia porque su dureza proviene de sus corazones, por lo mismo también “hacen de todo para no abrirse a la voz de Dios”.

Son los “híper críticos”, que no se satisfacen por nada ni por nadie, porque tienen el ego enfermo. Que no se arremangan las mangas para actuar, que no hacen lo que deben hacer porque toman como excusa aquello que los demás no hacen”.
Carlos R. Gutiérrez, columnista.

MODAS

El nivel 10, también podría incluir a las personas que, por flojera, conveniencia o por simple oportunismo caminan, como borregos, a donde todos se encaminan, sin saber realmente el por qué o el para qué.

Hacen lo que todos hacen, sin averiguar el sentido del bien de ese quehacer. Son “cabezas” arrastradas por la corriente, por los pensamientos de los otros. Se mueven como plumas en el aire: por las modas pasajeras.

UN LIBRAZO

Nassim N. Taleb ha escrito un excelente libro (muy recomendable) llamado “El Cisne Negro”, en el cual menciona que antes de que se descubriera Australia, los europeos estaban totalmente convencidos que todos los cisnes eran blancos, era una creencia totalmente irrefutable basada en la observación. Sin embargo, cuando descubrieron que en Australia había cisnes negros, todo lo conocido en relación a estas aves se vino abajo (solo se requirió la observación de un cisne negro), no sin antes haber inventado una bola de teorías que explicaban la existencia de este plumaje (evidentemente en retrospectiva).

CUIDADO

Este ejemplo ilustra que nuestro aprendizaje se encuentra totalmente limitado cuando se basa en la observación y en la experiencia que de ella se deriva. Cuando nos cerramos a otras posibilidades, o sencillamente al aferramos a la ilusión del conocimiento (¿por qué no se descubrió antes América?), a creer que la experiencia es útil y que de ella aprendemos, sin darle cabida a lo improbable (ciertamente “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, pero olvidamos que éste se actualiza todos los días para hacer sus diabluras).

En este sentido, otro de los peligros de la dureza 10, es desconocer que la vida es muy inusual, que no todo puede ser predecible y que muchas situaciones sencillamente no se desarrollan acorde a un predeterminado plan. Si somos sinceros veremos que la mayoría de los sucesos significativos en nuestras propias existencias sencillamente se dieron sin planeación. No fueron predecibles.

La terquedad impide comprender que es más trascendente en nuestra existencia lo que no sabemos que lo que sabemos (de ahí lo cierto del viejo refrán: casorio y mortaja del cielo bajan) porque la obstinación siempre insiste en evidenciar y profundizar en todo lo que es previamente conocido.

Realidad que es grave, porque cancela toda posibilidad de descubrir “cisnes negros”, caminos diferentes que bien podrían recorrerse.

Podría añadir que la dureza 10, denuncia una generalizada incapacidad hacia la introspección, a mirar en el interior, a desarrollar diálogos hacia dentro de la persona misma, lo que podría provocar sentido de vacío de la existencia.

Por cierto, las cabezas de esta escala, a diferencia de los diamantes, cuando se confrontan dos, no se rallan, se destruyen.

Sin lugar a dudas, existen cabezas con la dureza de un diamante a las cuales ninguna nueva idea, ningún camino alterno, les hace la más mínima ralladura, porque para ellas todos los cisnes son y serán siempre blancos.