Los únicos opositores reales al Metrobús son quienes se han beneficiado de una auténtica “mafia” del transporte público: los concesionarios privados

Pasado el estupor causado por el ejercicio de “tanteo de agua a los camotes”, que el presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó en la región lagunera de Durango el fin de semana anterior, comienzan a escucharse las voces que con sensatez advierten sobre el despropósito del ejercicio de “democracia directa” que culminó en la cancelación del proyecto del Metrobús lagunero.

Y aunque tal cancelación sólo se refiere a la parte del proyecto que se construiría en la porción duranguense de la Laguna, necesariamente la decisión impacta del lado de Coahuila pues, como lo ha advertido el urbanista saltillense Onésimo Flores Dewey, dado que se trataba de un proyecto interestatal, ahora tendrá que replantearse lo que se hará en Torreón.

Tanto las autoridades municipales como estatales han salido ya a dejar claro que del lado coahuilense el proyecto va y no existe intención alguna de cancelar la obra que implica la necesaria modernización del sistema de transporte público regional.

La posición que del lado coahuilense del proyecto ha sido adoptada sin duda debe saludarse, pero también debe decirse que es insuficiente para rescatar una iniciativa que, en palabras de Flores Dewey, “era un ejemplo nacional de coordinación metropolitana”.

Por otro lado, conforme nos vamos enterando de los detalles detrás de la “protesta” que llevó a López Obrador a realizar su “consulta popular” del domingo anterior, va quedando más claro el desatino cometido, así como el costo de la factura.

De acuerdo con quienes conocen la realidad lagunera, los únicos opositores reales a la construcción del Metrobús son quienes durante décadas se han beneficiado de la existencia de una auténtica “mafia” del transporte público, es decir, los concesionarios privados.

Estos concesionarios -al menos los que detentan concesiones en el municipio de Gómez Palacio-, habrían “invertido” en sus intereses apoyando en la pasada contienda electoral a la hoy alcaldesa electa de dicho municipio, Alma Marina Vitela, postulada por Morena, quien hoy “les devuelve el favor” promoviendo la cancelación del proyecto.

Pero tal decisión coloca a la administración encabezada por López Obrador en un espacio de esquizofrenia discursiva pues, mientras sostiene cotidianamente que su principal preocupación es el bienestar de las personas con menores recursos, les afecta directamente con la cancelación del Metrobús.

Miles de personas tienen la necesidad de cruzar cotidianamente la línea fronteriza entre Coahuila y Durango. La inmensa mayoría de esas personas no pertenecen al segmento “fifí” de la sociedad que tanto desprecia el Presidente de la República y por eso deben realizar sus trayectos utilizando el transporte público. Los “adversarios” del Presidente lo hacen en sus vehículos propios.

Muy probablemente la mayoría de esas personas votaron en julio pasado por AMLO, esperanzados en una mudanza de usos y costumbres en el poder que favoreciera sus intereses. Al menos en lo que hace a la posibilidad de ser beneficiados con la dignificación del sistema de transporte que se ven obligados a utilizar, se equivocaron.