Sometidos a jornadas largas, malos tratos y riesgos, connacionales en EU están sujetos a ser explotados por granjas que se dedican a la producción de lácteos; piden al gobierno mexicano intervenir

Acoso sexual, malos tratos, riesgos de trabajo no reconocidos, jornadas laborales sin descanso y la amenaza de ser despedido, deportado y hasta demandado por los patrones, así es el día a día de los migrantes que trabajan en las empresas de la industria lechera en Estados Unidos.

El conflicto entre los trabajadores y los empresarios de la industria lechera data de 10 años atrás e inició con el caso de 12 trabajadores que externaron diversas demandas a sus jefes en la lechería Ruby Ridge, ubicada en Washington, también conocido como el caso Darigold.

Desde entonces, los migrantes empleados en las granjas, a través de la Unión de Trabajadores del Campo (UFW, por sus siglas en inglés), han hecho públicas sus demandas y las condiciones en las que trabajan.

 

Algunas de sus historias llegaron a las cortes estadounidenses, en las que, luego de varios años de pleito, lograron pequeños triunfos que son utilizados por la UFW para invitar a quienes han sido víctimas de abusos en las lecherías a denunciar y exigir respeto a sus derechos.

Las lecherías que protagonizan el conflicto pertenecen a la Northwest Dairy Aasociation (NDA), cooperativa que reúne a casi 450 compañías de Oregon, Washington, Idaho y Montana.

Sin embargo, la NDA afirma que hasta el momento no ha encontrado evidencia que soporte los alegatos de los trabajadores, a pesar de que las lecherías han sido auditadas. La asociación informó a EL UNIVERSAL que los trabajadores de las granjas cubren jornadas de ocho a 12 horas por día, dependiendo del turno en el que laboran.

Señala que los empleados con los que se ha entrevistado gozan de uno o dos días de descanso a la semana, pero que algunos de ellos prefieren trabajar más horas para maximizar sus ingresos.

Los salarios son variados y pueden ir desde 7.25 dólares hasta 12 dólares por hora. Los empleados con más experiencia pueden ganar más de 20 dólares por hora, además de sus prestaciones.

En días pasados, el vicepresidente de la UFW, Erik Nicholson, viajó a México para encontrarse con funcionarios federales y exponer los casos de abusos que sufren los migrantes mexicanos en las lecherías. Solicitó al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador intervenir a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores para vigilar que los trabajadores mexicanos de esta industria trabajen en condiciones óptimas y en pleno respeto a las garantías laborales.

También se reunió con la senadora de Morena Bertha Alicia Caraveo Camarena, presidenta de la Comisión de Asuntos Fronterizos y Migratorios, quien le requirió más información sobre las condiciones de los mexicanos en las granjas lecheras.

“El enfoque principal es el caso Darigold, además de la situación laboral de los migrantes mexicanos en Estados Unidos —explicó—. Los vemos muy interesados en conocer más del tema y nos pidieron más información”.

Se reunió con el embajador Jacob Prado, director general de Protección a Mexicanos en el Exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

“A través de la oficina del embajador Prado esperamos llegar con Marcelo Ebrard, porque nos indicaron que es la persona adecuada para atender a los ciudadanos mexicanos en el exterior. El juicio empieza el 20 de mayo, así que esperamos que antes de esa fecha, el gobierno se pronuncie al respecto”, dijo.

 

#SomosMásDe12

El caso de los 12 trabajadores despedidos y posteriormente demandados por la lechería Ruby Ridge inició en el verano de 2009 y dio origen a un movimiento entre migrantes llamado #SomosMásDe12.

Los trabajadores exigieron a Ruby Ridge mejoras en las condiciones laborales y dijeron que por esto fueron despedidos, y un año más tarde la granja los demandó por difamación y conspiración.

La lechería exige un aproximado de 1.5 millones de dólares, puesto que alega que algunos de los trabajadores quisieron dañar la propiedad y a las vacas. Ruby Ridge forma parte de las casi 450 granjas que conforman la cooperativa de NDA.

A su vez, la NDA es dueña de Darigold, empresa que, aunque no tiene granjas propias, posee 11 fábricas dedicadas a la producción de derivados de la leche que exporta a diferentes países, entre ellos México.

A pesar de que Darigold no forma parte del litigio directamente, debido a que éste sólo es entre Ruby Ridge y los trabajadores, la UFW ha señalado a esta empresa como la responsable de vigilar que los migrantes tengan buenas condiciones para trabajar.

De acuerdo con Erik Nicholson, el caso de los 12 trabajadores dejó en el resto de los migrantes un mensaje de temor

“Es un mensaje muy fuerte a la comunidad de trabajadores, pues ahora están asustados de denunciar los problemas o violaciones a sus derechos laborales, porque no solamente los pueden correr o deportar, sino hasta están en riesgo de que los demanden”, señaló.

“Le hemos exigido a Darigold que se hagan responsables, pero su respuesta siempre ha sido que no”, agregó.

Una de las exigencias de la UFW es regular la responsabilidad de las lecherías en casos de muertes, puesto que Nicholson afirmó que los riesgos que enfrentan los migrantes son únicos.

El acoso

María González, migrante de origen mexicano y activista, fue víctima de acoso sexual en 2015 mientras trabajaba en DeRuyter Brothers Dairy

Su agresor, de origen americano, era su subordinado y pasó de los comentarios al maltrato físico en contra de la mujer, quien en ese momento tenía 42 años.

“Empezó a decirme qué bonito hueles, qué bonito te queda ese pantalón, eran muchos piropos de diferentes maneras como que le gustaría una mujer como yo y cosas así. De ahí llegó a lo físico”, contó en entrevista con esta casa editorial.

“La primera vez que intentó tocarme fue en los corrales, cuando acababa de tener un accidente y me pusieron trabajos moderados. Él lo usó como pretexto para intentar sobarme la espalda, dizque para que yo me sintiera mejor, pero no quise, y siguió insistiendo por unos tres o cuatro días”.

María reportó los incidentes con su superior, quien era el cuñado de su agresor, razón por la que la situación se agravó.

“Era más agresivo conmigo, me tocaba más, cerraba su puño y agarraba vuelo como si me fuera a golpear y cuando ya estaba cerca de mi cara se frenaba, me llegó a jalar del cabello en el cuarto donde cambiaba los filtros, me amenazó que me iba a matar a mí y a mi familia”, dijo.

Agregó que esta situación se vive diariamente en las lecherías y que las mujeres desconocen que actitudes como esta son de acoso y se niegan a denunciar por temor.

“Todas quieren denunciar, pero tienen mucho miedo, están envueltas en un pánico, porque es muy difícil dar el paso, las entiendo perfectamente, les digo en qué lugar están, cómo están y qué se siente salir de eso porque yo ya pasé por eso”, señaló.

María fue despedida en septiembre de ese año, debido a que se negó a trabajar con su acosador, por ello, demandó a la empresa, que en 2018 terminó por pagarle 95 mil dólares por angustia emocional y 5 mil dólares por los salarios caídos derivado del despido.

“A veces siento que no soy la misma”

Aunque Josefina Luciano tenía más experiencia en el campo, en el año 2015 decidió probar suerte en la industria lechera.

Sin embargo, la suerte no le sonrió y actualmente permanece en batalla legal contra una granja para que le reconozca una incapacidad que , asegura, se derivó de un accidente que sufrió mientras ordeñaba una vaca.

En el año 2017 ingresó a trabajar en una granja de la NDA, en la que inició como empleada temporal, pero a partir de abril la granja la contrató por tiempo completo y, luego de seis días de laborar sin ningún contratiempo, sufrió un accidente.

A la una de la mañana del 9 de abril, mientras hacía labores de ordeña, una vaca le pateó la cara.

“No vi ninguna señal de que la vaca me iba a patear, la había limpiado y todo. Lo último que recuerdo es que agarré la máquina, no recuerdo ni mirar cuando la patada vino hacia mí ni cuando el servicio de emergencias llegó por mí o cuando llegué a mi casa, para mí todo ha sido muy traumático, muy duro, muy difícil”, comentó.

El golpe le tiró los dientes, resultó con fracturas en el maxilar superior e inferior y en diciembre de 2018 le colocaron implantes dentales.

“No he podido regresar a trabajar, además de que la vaca me fracturó los dientes me movió tres discos del cuello, ahora tengo inicio de artritis y tengo una depresión tremenda, todavía estoy tratando de superarlo, pero hay días que no logro sentir que soy yo misma”, contó.

“Tengo dolores constantes de cabeza, mareos, vértigo, dolores del cuello y me hormiguean las manos, he perdido fuerza en ellas, a veces un simple vaso se me cae o no puedo ni abrir una botella de agua, se me inflama el cuello y me he vuelto muy lenta, porque ya no tengo la misma agilidad de antes”.

Josefina tiene 35 años de edad y refiere que lo que más le duele es que, debido a su estado físico, se ha perdido momentos importantes con sus hijos de cinco, 12 y 14 años.

El seguro de la empresa pagó los gastos del tratamiento dental y un año después del accidente aceptó pagar el tratamiento para su depresión.