Discurso emocional conceptual. Es el que maneja la obra de Plácido Merino.
La reciente investigación del pintor mexicano inició como una exploración del modelo en el arte y terminó como un viaje personal entre la muerte

El proceso artístico, aunque en muchas ocasiones no lo demuestre a simple vista, está sujeto a múltiples y diversos factores que afectan tanto al autor como al producto, así como a la inspiración misma de tales piezas y llegan hasta la experiencia estética del espectador frente a ellas.

El artista mexicano Plácido Merino, cuya trayectoria se enfoca en la exploración del retrato y sus modelos, ha dedicado años recientes al estudio de dicha relación, primero a través de la serie “Sombras”, donde pintó a mujeres tomando en cuenta sus experiencias y ahora, con bastante cercanía con la muerte, en “Morgue” utilizó cadáveres como los sujetos de sus pinturas.

Inaugurada el pasado 21 de febrero en la Galería Málaga de la Ciudad de México, esta colección llevó al autor a visitar el Instituto Nacional de Ciencias Forenses, donde conoció cuerpos de hombres y mujeres sin identidad, destinados a la fosa común, y descubrió en esta exploración qué papel juega la propia vida del artista al momento de pintar un tema y cuánto deposita de sí mismo un autor en la obra.

Reflexiones. Se evocan al apreciar esta muestra de trabajos del artista mexicano.

“Después de terminar con ‘Sombras’ me formulé la pregunta de qué pasa cuando un artista se aproxima a un modelo que no tiene un discurso propio, qué sucede con el artista, cuáles son los procesos y la metodología de trabajo”, comentó Merino en entrevista con VANGUARDIA.

“Comprendí que hacia lo que tenía que apuntar era buscar modelos humanos que no tuvieran discurso propio de donde no pudiera obtener de ningún lado un discurso, entonces en el INCIFO trabajé con los cuerpos que no estaba reconocidos, que se iban a ir a la fosa, donde no había manera que me dijeran este llama tal o cual”, agregó.

Explicó que al estar frente a los cadáveres sólo contaba con la información “técnico-formal”, como su complexión, estatura, sexo, lo físico y visible, pero a diferencia de “Sombras”, donde conoció la intimidad de sus sujetos, aquí no contaba con mayores datos.

“En esta investigación hablo de lo emocional-conceptual, que son los datos que me da a través de lo que veo, lo que escucho, huelo, siento”, dijo, “sumado lo emocional-conceptual con lo técnico-formal yo genero una obra, en este proyecto lo último ya lo tenía, donde estaban posando para mí pero no tenía ningún dato que ellos me pudieran decir, ni los mismos doctores. Quizá tenían una causa probable de muerte, o una hora probable estimada de muerte, pero eran los único indicios”.

“Entonces en estas visitas me doy cuenta que sin quererlo, sin  pensarlo empiezo a ver los cuerpos y empiezo a sentir que no me gustaría ver a mi familia ahí, o por ejemplo llegaba el cuerpo de una mujer con ciertas características que me hacía pensar en mi madre”, añadió.

Con base en esto desarrolló la exposición desde dos ejes principales. Las “Aproximaciones”, en las que, con las imágenes frescas en su mente de sus visitas a la morgue pero sin el modelo enfrente, pintó utilizando trazos expresivos los cuerpos.

En cambio, en las “Interpretaciones”, derivadas de su experiencia con la muerte, retrató a sus familiares cercanos con tonos de piel e impasibles poses cadavéricas, depositando sus propias reflexiones.

A nivel técnico-compositivo el pintor nos explicó que las obras las creó no mayores de 20 por 30 centímetros para hacer que el público se acercara tanto a la obra de la misma manera que él tuvo que hacerlo con los cuerpos del INCIFO y crear en ellos sensaciones similares.

Los sujetos quedaron en medio de vacíos de blanco sobre el lienzo, estrategia que, de acuerdo con él, la llevó a cabo para permitir que “el espectador de la misma manera que yo interpreté y llené la parte emocional-conceptual del modelo con mi propia historia de vida construya y complete en esa obra lo que ellos quieran, lo que para ellos sea la identidad, la muerte, el cuerpo”.

Merino, quien se declara seguidor y estudioso de artistas como Goya, Lucian Freud, Giacometti y Francisco Corsas, señaló, respecto a la experiencia tan visceral que tuvo al trabajar con muertos, que es “muy pronto para entender las cosas positivas o negativas que tuviese este proyecto”.

Pero, agregó, “en cuanto a la investigación comprendí que cuando no se tiene un discurso propio del modelo automáticamente el discurso más cercano es el tuyo y hablas tú directamente, como si fuese un filtro”.

“Esta exposición al final parecería que es muy mía, porque sólo trabajé conmigo mismo, no tenía ningún otro discurso, un modelo sin mayor historia más que la que yo pudiera inventar”, concluyó.

Adelantó que la exploración de la relación modelo-sujeto-artista continuará como clave de su obra y en el futuro cercano planea explorar cómo se relaciona un autor dentro de un lugar específico, rural o urbano, las atmósferas y emociones que generan y qué resultados se obtiene de dicho experimento.