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Ex jugadores aseguran que sufrieron daños a largo plazo en órganos y articulaciones por mala distribución y exceso de medicamentos que le proporcionaba el personal médico de los equipos

Según The Washington Post, los equipos de la National Football League violaron las leyes que regulan los medicamentos, ignoraron la guía de Administración de Drogas y abusaron de potentes analgésicos y antiinflamatorios hacia sus jugadores en cada temporada.

La parte médica en este deporte se vuelve totalmente fundamental, teniendo en cuenta que la competencia se rige por el contacto físico permanente entre los jugadores, en donde es normal terminar cada partido con hematomas, fracturas o cualquier tipo de lesiones.

Mil 800 ex jugadores aseguran que los equipos ignoraron deliberadamente las leyes federales. Sus abogados revelaron que "numerosos documentos muestran cómo los clubes y sus médicos ocultaron actividades ilegales durante años".

En este deporte existe un reglamento estricto sobre cómo se debe manejar el uso de medicamentos recetados. Pero este no habría sido respetado.

Los representantes de los ex atletas confirmaron que la mayoría de los clubes, a partir de 2010, manipularon drogas recetadas y sustancias en exceso.

Steven Silverman, abogado de los demandantes, presentó ante la corte una denuncia de 127 páginas en la que se establece que los equipos otorgaron analgésicos y antiinflamatorios en grandes cantidades. 

Tanto así que en 2012, un equipo promedio recibía casi 5.700 dosis de medicamentos para disminuir la inflamación de los tejidos, y 2.200 dosis de calmantes.

Esas cifras podrían promediar entre seis y siete píldoras o inyecciones a la semana por jugador, durante el transcurso de una temporada regular de la NFL.

Vicodin y Toradol son algunos de los nombres de las drogas que, según Arthur Caplan, director de la División de Ética Médica del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, "tienen un alto potencial de adicción".

"Los médicos buscan la salud de los jugadores, o están tratando de mantenerlos en el campo?", se preguntó el doctor, ya que los analgésicos mejoran el desempeño, y los jugadores reconocieron que se sienten obligados a usarlos para contribuir con sus equipos.

Bud Carpenter, entrenador de Buffalo Bills, admitió bajo juramento que fue testigo de que los médicos del equipo les daban a los jugadores inyecciones de medicamentos recetados sin decirles qué droga estaban recibiendo o sus efectos secundarios.

Además, testificó que los médicos "proporcionaron medicamentos recetados en lugares distintos de donde se les permitió hacerlo".

Por otra parte, se hizo público un correo electrónico de Paul Sparling, entrenador de los Cincinnati Bengals, en el que se leía "¿Puede tener en su fax de oficina una copia del certificado DEA para mí? Lo necesito para cuando los "contadores de pastillas" de la NFL vengan a ver si estamos haciendo las cosas bien. No te preocupes, soy bastante bueno en mantenerlos fuera del rastro! ".

La NFL por su parte rechazó dichos manejos, y su portavoz, Brian McCarthy, aseveró que las acusaciones contenidas en la presentación del tribunal "son meritorias y la liga y sus clubes seguirán defendiendo enérgicamente estas reclamaciones".

"Los clubes de la NFL y su personal médico están en cumplimiento con la Ley de Sustancias Controladas", manifestó McCarthy y agregó: "Los clubes y su personal médico continúan poniendo la salud y seguridad de nuestros jugadores en primer lugar, proporcionando a todos con la más alta calidad de atención médica. Cualquier afirmación o sugerencia en contrario está simplemente equivocada".

Por lo pronto el proceso legal continúa.