Es un fenómeno mundial. Los líderes “negacionistas”: los otros datos, las fake news, el compló, la cacería de brujas… cualquiera de esas frasecitas hechas. Es lo de hoy. Líderes políticos que con una mano en la cintura niegan las evidencias, desechan los datos duros, se inventan conspiraciones y tachan a los periodistas de mentirosos, deshonestos, corruptos.

Presidentes que un día dicen “negro” y al día siguiente niegan haberlo dicho. Y si se les muestra el video, lo vuelven a negar. Bolsonaro en Brasil, Orban en Hungría, Erdogan en Turquía, Maduro en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Putin en Rusia, Trump en Estados Unidos. Y podemos seguirle porque hay muchos más.

Y claro, López Obrador en México. Tampoco es que sea tan original el estilo de nuestro presidente.

¿Qué hacen todos ellos? El viejo truco de gritar “al ladrón” para esconder lo que están haciendo ellos. Lo han usado los poderosos desde siempre. Quizá hoy la diferencia es la facilidad con que desde el poder se desecha hasta la evidencia más contundente. El descaro con el que mienten. Mienten como respiran, dicen por ahí.

Y para desatar ataques contra los periodistas, usan a sus legiones en redes sociales, a sus propagandistas y a sus paleros disfrazados de periodistas.

Estos líderes gritan “¡fake news!” pero son ellos y sus aparatos de propaganda los principales productores de fake news. Las producen a raudales, para denostar a sus críticos y para exaltar al gobierno. Esta moda de hablar de “fake news” es una gran coartada para justificar exterminios, como lo señaló recientemente el New York Times en el caso de China. O para normalizar que el crimen organizado mate a familias enteras, como en el caso LeBarón. O para negar el cambio climático. O para hacer como que no están matando a la Amazonia.

La parte oscura de este fenómeno: México es hoy el país más peligroso del mundo para los periodistas. Más que Siria, que era el número uno. No se debe dejar de señalar la irresponsabilidad de que desde la Presidencia de la República, se señale, se ponga un blanco en la espalda de cada periodista que no aplauda al gobierno. Es un crimen propiciar este linchamiento en el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.

¿Cómo enfrentar este fenómeno desde el periodismo? La respuesta se debate en todo el mundo. Pienso que con más periodismo. Más profundo, documentado, riguroso. Más y más periodismo. Si niegan lo que documentamos, seguir haciendo periodismo. Si hacen como que no existen los datos y los hechos, seguir haciendo periodismo. Si exoneran a los denunciados, ahí seguirán los documentos que los exhiben como encubridores.

Y claro, también toca hacernos cargo de nuestros errores y de que la pérdida de credibilidad de las instituciones democráticas incluye a los medios, a la prensa. Tenemos que ser transparentes, respetar escrupulosamente el derecho de réplica (ojo: el insulto y la descalificación no es réplica a la información), y corregir si dimos por buena información no sustentada o imprecisa. Continuar el proceso de reflexión y discusión de la historia de las relaciones entre el poder y los medios en México, la denuncia del chayote y la extorsión. Prácticas que siguen vigentes aunque cambie el color de los gobiernos. Y reconocer que el fenómeno de las redes sociales vino a reconfigurar las formas de hacer periodismo y mostró que un sector importante de la población siente lejano al periodismo tradicional. Y ofrecer lo único que podemos ofrecer: apegarnos a las reglas básicas del periodismo para no hundirnos en el bombardeo de propaganda.

Si frente a ello lo que se recibe es veneno, sabremos que vamos por buen camino.

@CarlosLoretCarlos