Edificio Coahuila de una de las primeras series, 2012. / Foto: Especial.
Esta semana la obra y trayectoria del joven artista coahuilense Carlos Vielma fue reconocida con una beca del Sistema Nacional de Creadores, lo que da pretexto para comentar las constantes de su producción visual, así como su evolución artística

Hasta donde sé -junto al talentoso nigropetense Daniel Alcalá-  Vielma es el segundo creador visual en alcanzar la prestigiada beca del SNC en plena producción y juventud. Un reconocimiento que de alguna manera avala las búsquedas y persistencia del también arquitecto por la UAdeC, ya que desde hace por lo menos una década, el saltillense –igual que muchos otros artistas de la localidad y al región– aspiró a la proyección y el crecimiento de su obra a través de un exilio voluntario en la capital, donde buscaron proyectar e incorporarse en otras búsquedas y ambientes de crecimiento profesional.

Terco, consistente, en mi apreciación personal, la obra del saltillense despunta y se consolida luego de obtener una estancia artística en Banff Centre For Arts & Creativity, en Canadá. Porque a partir de ahí la obra de Vielma  deja de ser solamente el regodeo minucioso en el dibujo de visos y motivos arquitectónicos para asentarse en un conceptualizaciones más sólidas y más claras.

Del proyecto Polvo Doméstico sobre Ciudad Juárez. / Foto: Especial.

Búsquedas

Porque desde las primeras revisiones a la ciudad como un proyecto de ruina, los guiños hopperianos, el paisajismo urbano nocturnal, hasta la instalación o uno de su últimos proyectos, las obras con polvo sobre Ciudad Juárez para el Salón ACME hay un transcurso y un crecimiento. El autor lo ha dicho mejor en cierta entrevista previa: “Fue dar ese paso: de sólo representar la realidad a entender que puedo decir algo con cada pieza.”

Proyectos conceptuales que a pesar de su actualidad se anclan en las obsesiones más remotas: la infancia, la noche, la destrucción urbana. Y la contradicción: la oscuridad como cierto espacio de calma y tranquilidad, con una ineludible referencia a Edward Hopper.

El paisaje, entonces, como una fuente de significados, referencias, memorias, interpretaciones.

Pero señalar entonces los posibles lazos y genealogías no implica un juicio demeritorio sobre la obra de este artista joven en edad, pero maduro en su visión artística: al contrario, implica un profundo diálogo con la tradición, un juego de espejos y reinterpretaciones y apropiaciones genuinas y potentes: un proceso que –como pasa en otras disciplinas o corrientes– no es forzado e irresponsable, sino natural.

Cortinas negras, la destrucción y el vacío como senas urbanas. / Foto: Especial.

Reafirmación

El sentido, la afirmación de una obra, la lección –trabajar series, no piezas individuales; trabajar significados, no meras representaciones– sustentan, junto al trabajo de más de una década lo logros y alcances de este creador hoy consolidado.

Imponer el trabajo, la persistencia, la distancia, la tenacidad; imponerse a curadurías forzadas, a corrientes impuestas desde las instituciones; forzar y ensanchar los propios horizontes vitales, y por lo tanto artísticos, son parte de una ruta que no todos los artistas emergentes están dispuestos a transitar: por falta de talento de visión, falta de carácter o comodidad.

Finalmente, en el reconocimiento al arte de Vielma –como al trabajo del también incansable Daniel Alcalá, o los jóvenes coahuilenses seleccionados en la reciente Bienal Ángel Zárraga, expuesta actualmente en el Museo de Palacio de Gobierno– hay una lección mayor: el arte coahuilense no será reconocido ni articulado a partir de tentativas, visiones o corrientes impuestas desde las instituciones: como fue la tendencia en pasadas administraciones, donde el facilismo conceptual o post conceptual –ocurrente, indisciplinado, torpe, sin un trabajo serio detrás– quiso proponerse como el eje y el sello de las nuevas manifestaciones artísticas provenientes de Coahuila, a través de un reducido grupo de “artistas” mimados e inflados artificialmente. Los artistas no los hacen las instituciones: es al revés.

La nocturnidad como un tratamiento de varias series en torno al paisaje urbano. / Foto: Especial.

La observación, el dibujo como una extensión de la sensibilidad y el pensamiento no vienen incluidos en la beca; el oficio lo dan los años, el trabajo, la genuina voluntad creadora.
La beca del Sistema Nacional de Creadores para este artista –insisto- tan joven, es también una reconocimiento y una afirmación hacia los medios tradicionales, esos que, digan lo que digan, aún no están agotados ni rebasados (O que levante la mano el que diga “Además de Rubén Herrera, yo he llevado el dibujo más allá…”)
Pero el talento sólo no basta: tampoco el solo dibujo. La obra se ancla en la reflexión, la investigación y la conceptualización: el arte no como una bandera snob, sino como una manifestación genuina de la sensibilidad y la inteligencia.

Oficina al final del pasillo, las resonancias hopperianas. / Foto: Especial.

Otra vez pienso en las jóvenes trayectorias como las de Farías, Alor, Montejano, Carrum, Villela, West, Herrera, Treviño, Campos, De la Paz, Fabila, Rivera, Eguía y tantos otros que cuentan con todo para acceder a este galardón.
Coahuila es un estado rebosante de talento en la plástica.
Felicidades a Carlos Vielma por demostrar que sí se puede consolidar la propia obra, hacer arte de verdad y aspirar a vivir dignamente de ello.

 

 

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Twitter: @perezcervantes7

Revisitación nocturna al palacio, una de sus obras más notables. / Foto: Especial.