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Los camaroneros dicen que en sus travesías en altamar las redes salen cada vez más vacías, con el doble de costos de operación

Mazatlán. En la declinante pesca del camarón del Pacífico, el problema tiene un nombre: combustible. Su precio se ha duplicado en los últimos dos años y hace incosteable para las embarcaciones de altura salir a buscar un producto para colmo cada vez más escaso.

Una embarcación con permiso para pescar en alta mar mide entre 70 y 80 pies y lleva en promedio siete tripulantes que por norma cobran el 25 por ciento del valor de la captura por cada salida a pescar. Ahora, y cuando aún faltan dos meses para cerrar la temporada camaronera, 80 por ciento de la flota de Sinaloa -principalmente en los muelles de Mazatlán- ya está atracada.

Esta situación tiene un efecto multiplicador en toda la industria: empacadoras, astilleros, refaccionarias, ‘rederos’ y en general toda la economía local vinculada con la pesca está en crisis. Y se aprecia por doquier.

Entre la pesca ribereña y la de altura capturan han disminuido cada año su peso en la producción nacional frente al crecimiento del producto que se cultiva en las granjas acuícolas.

De acuerdo con la Carta Nacional Pesquera, hasta 2016 entre Sonora y Sinaloa lograron un promedio anual de 30 mil toneladas de camarón de captura. La cantidad récord se obtuvo en la temporada 2011-12, con 53 mil 347 toneladas.

Pero hoy, eso ya parece una historia muy vieja. ‘’La industria del camarón está en declive. Desde que se vendió la compañía estatal Ocean Garden y con la sobre explotación, han venido abajo las condiciones del sector. En los últimos dos años el costo de la pesca ha crecido cien por ciento y los márgenes de utilidad se han perdido totalmente. No hay empresa (cooperativa) que no deba. Con el aumento al combustible también se han elevado los otros precios: provisiones, redes, aceros, cables, aceites, paño....’’, coinciden en entrevista distintos representantes de las empresas armadoras de la pesca de altura.

¿Cuánto cuesta a un barco trabajar en alta mar?, pregunta Humberto Becerra Batista, presidente de la Cámara Nacional de las Industrias Pesqueras y Acuícola (Canainpesca). Saca papel y pluma y detalla: 35 mil litros de combustible a un precio de 18.70 pesos (con subsidio) implican un costo de 654 mil pesos por viaje. A esto deben sumarse otros: maquila, 45 mil pesos; provisión, 30 mil pesos; Infonavit y Seguro Social, 20 mil pesos y entre agencias y papeleos oficiales, 4 mil pesos. En suma, 953 mil pesos.

Pero ahí no terminan los costos: el mantenimiento de una embarcación camaronera cuesta unos 300 mil pesos anualmente y la reparación del equipo de pesca, 15o mil pesos, más otra cantidad similar en arreglos mecánicos.

En contrapartida, en diciembre pasado un ‘’buen viaje’’ de diez días para obtener tres toneladas de camarón de exportación reportaba 540 mil pesos, más una tonelada de la especie coctelera, 120 mil pesos. En total, 660 mil pesos de ingresos.

Sólo que a estas alturas de la temporada, difícilmente un barco puede capturar esas cuatro toneladas en un viaje de diez días. El cambio climático y la alteración en la temperatura del agua y otros factores inherentes a esta pesquería han reducido los bancos de camarón en las zonas cercanas a Mazatlán y es necesario llegar cada vez más lejos, hasta Oaxaca o Chiapas, para encontrar el crustáceo, con el consecuente aumento de costos.

De ese modo, las cuentas no salen para los pescadores. Los ribereños y los de alta mar se acusan mutuamente de ‘’invadir’’ las zonas permitidas a unos y otros. Las historias se mezclan y cada cual dice saber la verdadera razón de esta crisis.

‘’Hemos saqueado mucho el producto’’, admite Lucinda Sandoval, diputada federal, presidenta de la Subcomisión de Pesca Ribereña y, ella misma, procedente de una familia de pescadores en El Cerró Cabezón, del municipio de Guasave.

Al mismo tiempo Becerra argumenta: ‘’el mar se ha sobrepoblado. La industria pesquera está colapsando y la primera es la del camarón. Es urgente que el gobierno entre al rescate de esta flota. Es un auténtico estado de emergencia’’.

Para ilustrar, los integrantes de la Unión de Armadores del Litoral del Océano Pacífico comparten un recorrido por los muelles de Mazatlán: y aquello luce como un cuadro de barcos atracados, abandonados.

Curtido por el sol y por el oficio, Rafael Montoya, capitán (patrón, les llaman) del ‘Andrés I’, reseña: ‘’nos fuimos el 13 de enero a la zona de Altata/San Lorenzo, con diez mil litros de combustible. Hicimos lances durante diez días, doce horas diarias, y apenas logramos unos mil 2o0 kilos de camarón. Este era apenas nuestro tercer viaje en la temporada pero el volumen no hacía costeable seguir allá, por el gasto de combustible y mejor nos regresamos’’.

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Mientras él habla, lo escuchan, asienten y complementan la versión del problema, entre otros, Rodolfo Valdez -especialista en redes con las medidas precisas para la captura del camarón y el obligado aditamento excluidor de tortugas- y Roberto Rubio, motorista de embarcaciones. ‘’Estamos mal. Hemos trabajado poco por lo caro del combustible. Hay poca pesca, cada año ha ido disminuyendo la producción entre un diez y un 20 por ciento’’, coinciden.

Con todo, y al ser ésta su única fuente de ingresos, aún guardan alguna esperanza para esta temporada: ‘’A ver si viene una marea mejor. Vamos a apostar de nuevo. Esto se rige por la luna: desde que está en cuarto creciente los barcos zarpamos para que ya la luna llena nos agarre en alta mar, porque eso favorece la presencia del camarón. Pero los tiempos están muy cambiados, ahora nos jugaremos el ‘resto’ entre el 10 y el 15 de febrero’’, dice Valdez.

Él mismo lamenta otros escollos: cada día le cuesta más trabajo conseguir mano de obra. Los jóvenes ya no se sienten atraídos por la pesca debido a lo bajo de las percepciones y los robos y la piratería en alta mar son constantes.

Por si fuera poco, este año no han salido aún las reglas de operación para la entrega del subsidio al diésel (de 2.90 pesos y de ese modo quedar en un costo de 18.7 pesos por litro) y por tanto las tarjetas para su suministro están bloqueadas y tienen que pagarlo al precio comercial de alrededor de 21 pesos por litro.

‘’La autoridad nos hace eso ¡en plena temporada de pesca!’’. Y todavía para hacer válido el subsidio nos piden piden programas, cursos y la misma información censal de cada año. Esas tarjetas ya no podrán usarse en esta temporada y además, con lo del robo de combustible ya casi ningún distribuidor nos fía’’.

Como efecto natural de esta debacle, las empacadoras de camarón pasan cada vez más tiempo inactivas. Y con ello, las mujeres trabajadoras cuya destreza se requiere para la clasificación y empacado manual del camarón de acuerdo a su color y tamaño, a lo que sigue un nuevo especializado proceso de congelación para su posterior exportación o envío a los mercados nacionales.

Ellas sólo trabajan, y ganan un salario cuando existe suficiente producto para hacer rentable del gasto de agua y electricidad en la planta. Frente a otros años cuando eran llamadas seis días a la semana, pero en la actual temporada vienen sólo un día.

Rafael Carrillo Salomón, vicepresidente de la Unión de Armadores, tiene la frase que aquí, resume en una frase el fenómeno que encaran desde hace varios años: ‘’la pesca de captura es la más olvidada del sector primario en México’’.