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La publicidad de la versión mexicana incluye la palabra "zorras" para referirse despectivamente a las mujeres

A días de su estreno, fijado para el 14 de febrero, el remake mexicano de La boda de mi mejor amigo se ha convertido en tema de conversación en la última semana. Primero, gracias a una peculiar coincidencia: el reparto de la película original se reunió a 22 años de que la producción fue lanzada en cines de todo el mundo. Segundo, debido a un cartel publicitario con un desafortunado discurso sexista, pues en él puede leerse la frase "Las primas fresas y zorras".

El anuncio no pasó desapercibido en redes sociales y la actriz Karina Gidi lanzó una crítica, a la que se sumaron decenas de voces. 

Como era de esperarse, hubo usuarios de redes sociales que consideraron inofensivo el cartel y señalaron, a manera de argumento, que "en esta vida tenemos zorras y zorros, ¿por qué se espantan?". Pues bien, ¿las críticas al anuncio son un episodio más en la era de la corrección política o algo sobre lo cual vale la pena reflexionar?.

Hasta el momento la productora de la película no ha dado respuestas sobre la campaña publicitaria, ni las actrices en el promocional han dado declaraciones al respecto.

Ya antes figuras como Concepción Company han señalado que la gramática no es sexista por sí misma, pero sí pueden serlo el uso que le damos a ella o la forma en que construimos un discurso. 

En el caso de la palabra "zorra" —al igual que con términos como "perra", "gata" y "bruja", sólo por mencionar algunos— queda una vez más de manifiesto la imagen negativa que sociedades como la nuestra tienen sobre las mujeres. 

El diccionario de la Real Academia Española, por ejemplo, define "zorro" como un mamífero o una persona astuta. Si en cambio buscamos "zorra", la RAE señala que se trata de una prostituta, situación que se presenta de manera similar con el resto de los términos antes mencionados. 

El mismo diccionario define "sexo débil" como el conjunto de mujeres, mientras que "sexo fuerte" es el conjunto de varones. Ante las críticas por incluir acepciones sexistas de diversos términos, la RAE se ha limitado a señalar que su función es únicamente la de consignar los usos que se le dan a las palabras.