Foto: Cuartoscuro
La conmoción por el tiroteo en el Colegio Americano del Noreste, de Monterrey, origina este texto de un universitario saltillense
Hace falta toda una vida para aprender a vivir’
Lucio Anneo Séneca

Un día más que el País se despierta con fallecidos, consternación y dudas. No ha pasado ni siquiera un mes desde que comenzó el año 2017 y en su mayoría las noticias han sido fatales. Aquí en Saltillo, la reciente partida de un joven de 18 años, que mientras dormía fue víctima de un incendio en su propia casa. La desaparición y luego asesinato del sacerdote Joaquín Hernández que pertenecía a la Diócesis de Saltillo. El atentado en el bar en Cancún. Y hoy esto: en Monterrey un adolescente de 15 años entró armado a su escuela, atacó a sus compañeros, a su maestra y terminó disparándose.

¡Ya basta! Es hora de detenernos, es hora de tomar el control de nuestro día a día y ponerle pausa. Necesitamos frenarnos, no podemos seguir avanzando. Seguimos hacia adelante como si no hubiera pasado nada, tapándonos los ojos con una venda. “Que al cabo no es a mí y no es en donde yo vivo”. La vida y la muerte ya no tienen significado. El tiempo efectivo que pasan los padres con sus hijos es relativamente poco. Los adolescentes y los jóvenes estamos viviendo aferrados al celular, a la lap-top y a las series en Netflix. Tenemos acceso a todo tipo de información, imágenes, vídeos…ideas. Y no hemos comprendido el verdadero significado de vivir.
 
Hace poco mi compañera Natalia Verduzco, de la Facultad de Jurisprudencia, habló en un artículo precisamente del valor que tiene la vida y me encantó. Y cito una frase: “Date un momento especial para mirar al cielo y darte cuenta que por ahora tu vida no acaba aquí”. Estamos aquí y ahora. No ayer, tampoco mañana. Necesitamos lecciones, atención, palabras y mano dura de nuestros padres. Requerimos valorar las tardes de café con nuestros amigos, las tardes de salir a caminar, el paseo con nuestra mascota. Valorar cada uno de los momentos de los que eres parte. Porque nadie los vivirá como tú.
 
¿Estamos tan jodidos? ¿Qué necesitamos? ¿Una bofetada? Estamos a tiempo. Estamos a tiempo de encontrar y amar nuestra forma de vivir. Levantarnos, sonreír y ver a nuestras familias, disfrutar el trabajo, disfrutar que hay complicaciones y pendientes, incluso disfrutar de que estás cansado pero que llegaste a casa un día más. No porque haya sido un mal día para ti significa que debas hacérselo imposible a otros. Seamos agradecidos, por lo que tu gustes; porque te abren la puerta, porque te dejan pasar primero, porque llegaste tarde, porque tomaste un rico café, porque te pudiste bañar, porque desayunaste, porque hay o no tráfico en las calles, porque alguien te pitó o te la rayó, porque llueve, hace calor o frío ¡porque amaneciste y tienes vida!

No es malo detenernos, al contrario; deberíamos estar conscientes de lo que día a día acontece en nuestra calle, en nuestra ciudad, estado y país. Miremos atrás y elijamos con qué nos quedamos. Somos un país con convicciones y definitivamente unido. Tratemos de llevar la vida que deseamos, no la perfecta porque esa no existe, pero sí la que nos gustaría: una vida plena y feliz. Que no sea tarde para mirar atrás y arrepentirnos por no habernos subido a una montaña rusa, o no haber disfrutado de la lluvia.
 
Solo deseo que la vida de cada uno sea inigualable, increíble, llena de amor y si se llegara a terminar, que hayan cumplido la misión que les fue encargada.
 
Porque mañana trataremos de ser otro tipo de noticia.