A 44 años de la muerte de la escritora chiapaneca, su gran obsesión sigue vigente: el reconocimiento de la mujer como productora de cultura

El 7 de agosto de 1974 murió Rosario Castellanos. Narradora, poeta, dramaturga y ensayista, es considerada como una de las escritoras mexicanas más importantes del siglo XX.

Nacida en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, a los pocos días de nacida sus padres la llevan a vivir a Comitán, Chiapas, donde transcurre su infancia y adolescencia.

Sin embargo, su origen queda de lado comparado con su gran legado de libros, como la compilación de su poesía, su obra de teatro feminista o la que se considera su máxima obra: Balún Canan.

A lo largo de su obra, Rosario Castellanos abordó su mayor inquietud: las desventajas sociales y culturales que enfrentan las mujeres y los grupos minoritarios. Fiel a su estilo, su escritura irrumpió en la escena intelectual mexicana y rescató la figura de las mujeres a través de una serie de temas que nadie había explotado hasta entonces, publicó UNAM Global.

El feminismo representó para Castellanos una indagación intelectual duradera, merecedora de una reflexión profunda, cuya originalidad radicó en abordar la  ausencia de una cultura femenina, un tema ignorado por muchos hasta entonces.

Esta reflexión la llevó a plantearse la escasa autoridad intelectual concedida a las mujeres, así como las dificultades que enfrentan para ser reconocidas como sujetos productores de cultura.

Dicha angustia e influencias encontrarían su propio espacio dentro de su obra; actitud que le valdría el respeto de sus colegas, quienes reconocieron que su visión feminista, lejos de ser un estigma que la opacara, significaba una crítica seria acerca de los problemas de las mujeres.

José Emilio Pacheco señaló al respecto: “Nadie en este país tuvo, en su momento, una conciencia tan clara de lo que significa la doble condición de ser mujer y ser mexicana, ni hizo de esta conciencia la materia prima de su obra, la línea central de su trabajo”.

El otro ¿Por qué decir nombres de dioses, astros, / espumas de un océano invisible, / polen de los jardines más remotos? / Si nos duele la vida, si cada día llega / desgarrando la entraña, si cada noche cae / convulsa, asesinada. / Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre / al que no conocemos, pero está / presente a todas horas y es la víctima / y el enemigo y el amor y todo / lo que nos falta para ser enteros. / Nunca digas que es tuya la tiniebla, / no te bebas de un sorbo la alegría. / Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro. / Lo que él respira es lo que a ti te asfixia, / lo que come es tu hambre. / Muere con la mitad más pura de tu muerte.”

Castellanos murió con apenas 49 años de edad debido a un absurdo y cruel accidente doméstico mientras ejercía de embajadora en Tel Aviv. Ahí, el 7 de agosto recibió una descarga eléctrica al ir a contestar el teléfono tras salir de la ducha. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres de México.

La musa

Como personaje, Castellanos ha despertado la fascinación de muchos quienes han sabido ver más allá de sus publicaciones y apreciarla como un ser redondo con una vida digna de ser retratada.

Es el caso de la joven directora Natalia Beristáin, quien se encargó de rescatar la existencia de Rosario Castellanos en Los Adioses, filme que sirve para recordar la preponderancia del discurso de la escritora y su lucha íntima para sobreponerse a las ataduras sociales.

Protagonizada por Tessa Ia y Karina Gidi que encarnan a la escritora en su juventud y madurez respectivamente, el resto del elenco es redondeado por Pedro De Tavira y Daniel Giménez Cacho.

La película galardonada en el Festival de Morelia 2017 con el premio del Público y ganadora de un premio Ariel en la entrega de este año, se estrenará el próximo viernes 24 de agosto bajo el sello de Cinépolis Distribución.