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Este fin de semana se ha inaugurado en el MAG la exposición gráfica “Tonos”, con obra del saltillense Roy Carrum, uno de los creadores más consistentes y propositivos de la región

Músico y artista visual, la polisemia de su propuesta se despliega desde el título, la cual alude tanto a la gradación tonal de su tratamiento, así como al eje temático de la misma; la cual refiere al entorno inmediato del artista, compuesto de un paisaje de aparatos y objetos relacionados a la creación y el registro de lo sonoro: instrumentos, grabadoras, amplificadores, cableados y diversa parafernalia musical.

La serie, compuesta principalmente por aguafuertes y aguatintas, marca una ruptura en el tratamiento formal colorista que distinguía la obra de este pintor:

“Es una especie de reto personal, me fui dando cuenta que en la pintura usé el color como uno de mis recursos principales, y en algún momento me pregunté: ¿Ése es todo mi chiste? ¿Funcionarían mis composiciones sin él?
Hace algunos años, durante una temporada, vi muchas películas mexicanas en blanco y negro (de las que pasan en Galavisión a las 11 de la mañana) eso me llevó a intentar obra mucho más en gamas de grises.” 

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Lo tonal y lo cotidiano

La obra del también arquitecto por la UAdeC se ha planteado siempre paralela a diversas disciplinas, proponiéndose incluso como una suerte de sinestesia entre lo visual y lo auditivo:

Casi desde que comencé a pintar hago música: son actividades para mi paralelas… Recuerdo que en una de mis primeras series pictóricas intentaba traducir algunos discos del ambient de Eno y Aphex Twin a paisajes y abstracciones: algo con lo que la mayoría de los artistas soñamos desde que tenemos más registros musicales a la mano ¿Cómo trasladas el sonido a otra disciplina? Muchos lo hacen mediante el ritmo y la fuerza en el dibujo, creo que yo me he ido más al sentido de las capas, el color y las profundidades que se crean -sobre todo con técnicas modernas de grabación- como la pared de sonido o el multicanal, esas camitas de sintes o soniditos escondidos que hacen que la canción tenga una emoción diferente.”

El de Carrum es un registro privilegiado de la cotidianidad, una mirada que apuesta a una visión lavada de la rutina; una cálida familiaridad, pero a la vez una relación de extrañeza con los objetos cercanos.

¿Cómo se articula para el artista esta mirada diferente sobre la cotidianidad?

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“Creo que el detonante debe ser el mismo que hace que todos registremos nuestro entorno y nuestra vida, sólo que en el sentido artístico uno tiene que ir buscando cuáles son esas peculiaridades personales, cuáles temas son más tuyos y ahondar en ellos, repetirlos. De esa manera puedes llegar a encontrar esa mirada propia, que puede transmitir al espectador tu intimidad personal. 

Con respecto a por qué ciertos objetos, en algunos casos es la memoria que guardan, atesoramos objetos por muchas razones y algunos se van volviendo valiosos e importantes para las personas, incluso a nivel general algunos han creado religiones, la gente le va cargando significados a las cosas, es algo muy humano. Eso me interesa bastante, como también tenemos una comunicación visual muy fuerte por medio de los objetos y el color. Por eso repito motivos, para llevarlos a un nivel de iconografía personal.”

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La nueva naturaleza muerta

En “Tonos” hay una indudable revisitación a la naturaleza muerta, una obsesión por el detalle, podría decirse “escheriana”, un trabajo fino, compulsivo, una riqueza de matices y ensoñaciones que refiere a autores como Ernst, pero al mismo tiempo una cierta deformación seudo onírica –principalmente en ciertas perpectivas- que alude a simbolismos como los que aparecen en Giorgio de Chirico, traídos a la contemporaneidad.

“Sí. Como género éste es uno de los mas antiguos, de hecho, muchos géneros -como el retrato- han sido prohibidos en ciertas épocas, pero el bodegón, de una u otra manera, siempre ha estado allí. Me gusta hacer algunos bastante clásicos aunque estén choteados; se me haría muy triste no tomar en cuenta esas etapas donde la naturaleza muerta se definió como tal y alcanzó niveles muy altos. En algún momento sirvió para revolucionar el arte, como en el cubismo. Trato de hacer guiños de todo eso en mis trabajos. Por otra parte, no me caso con los materiales: he hecho algunas ilustraciones digitales animadas para mis proyectos de música, desde dibujos muy básicos con el mouse, hasta algunos más complejos con una tablet. Intento mantenerme abierto a todos los medios, nunca sabes cuando una cosa va a nutrir a la otra, o vas a abrir una nueva búsqueda gracias a ella. Para mi son sólo soportes; el mercado y otras cosas les agregan un valor, por decir un óleo suele ser mas costoso que una ilustración digital, pero para mi tienen el mismo valor. Me parece interesante que muchas ilustraciones digitales hoy en día parezcan xilografías o linóleos.

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Retos y límites del grabado
El artista explora en esta nueva serie medios tradicionales, temáticas renovadas, técnicas clásicas, que exigen cierto rigor, constancia -error y prueba- y que sin embargo, a pesar de su naturaleza serial, se sustentan en la singularidad y el accidente.

Siempre me ha gustado hacer varias versiones de un mismo tema, en este sentido la posibilidad de reproducción que ofrece la gráfica me llama mucho la atención. Suelo intervenir las pruebas que se van generando en el proceso, así suelo relajarme y explorar más que si me pongo a hacer la pintura en el gran bastidor. Hice clic con el aguafuerte, en parte, por que te ofrece un proceso bastante cercano a lo pictórico: en pintura suelo usar muchas veladuras, aquí es similar, pero lo marcas con tiempos de la placa en el ácido. Lo emocionante es que el proceso es un poco ciego, mucho de intuición, es como pintar con el tiempo, cada segundo es un tono de gris mas oscuro y no sabes el resultado hasta que haces una prueba de impresión. En cuanto a los límites, no tienes mucho control sobre el proceso, el material reacciona de muchas maneras y obtienes un accidente controlado, como lo llamaba Siqueiros.”

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Así, “Tonos” marca una ruptura y una evolución en la obra gráfica de Roy Carrum, con una estupenda museografía de la maestra Edith Leija, puede leerse como un making off de los procesos creativos del propio artista y sus tópicos –el desierto y la literatura, los sincretismos que alimentan la búsqueda y se trasvasan -muchas veces invisibles- hacia la pieza final. Bodegón norteño, gráfica intervenida, registro minucioso, puzzle o autorretrato indirecto, Tonos me lleva en su ensimismamiento hacia el milimiétrico de Georges Perec, en su inmensa novela “La vida, instrucciones de uso”:
No son lo elementos los que determinan el conjunto, sino el conjunto el que determina los elementos. Aisladamente, una pieza de un puzzle no quiere decir nada; es tan solo pregunta imposible, reto opaco; pero no bien logramos conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza.”

 

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