Milagro. El día de la explosión, el hombre estaba cruzando un puente y cayó a un río que le protegió del calor / AP
Mori se hizo historiador y dedicó su vida a trazar las de aquellos que la perdieron cuando el B-52 estadounidense Enola Gay lanzó su fatídica carga sobre la ciudad.

HIROSHIMA.- Una imagen, más que cualquier otra, recordará la presencia de Obama en Hiroshima. Obama se fundió en un abrazo con un anciano japonés de traje gris, de aspecto frágil y deshecho en lágrimas.

Este hibakusha había acudido a la ceremonia como invitado expreso de la Casa Blanca. Apenas era un niño de ocho años cuando cayó la bomba en aquel 6 de agosto de 1945.

Salvó la vida por casualidad: hasta entonces había asistido a la escuela en pleno centro de Hiroshima. Pero una semana antes, por razones que aún no ha podido aclarar, su matrícula se trasladó a un centro en las afueras, una decisión que le salvaría la vida. Cuando ocurrió la explosión, estaba cruzando un puente con un amigo. Cayó al río, una circunstancia que le protegió del calor extremo y le salvó la vida.

Al crecer, Mori se hizo historiador y dedicó su vida a trazar las de aquellos que la perdieron cuando el B-52 estadounidense Enola Gay lanzó su fatídica carga sobre la ciudad. 

Con información de agencias