Especial

En las últimas semanas hemos sido testigos, en medio de la tragedia global que ha representado la pandemia del coronavirus, cómo la música ha unido a través de videos virales al mundo.

Así, balcones en Italia o España, dos de los países más afectados por esta crisis sanitaria, han sido escenarios de músicos que a través del violín y otros instrumentos han compartido sus respectivos talentos para dar un remanso de paz y esperanza en medio de la zozobra y la incertidumbre que este evento ha traído a la humanidad.

Es por ello que es bienvenido que a falta de ofertas en sus salas de cine cerradas a raíz de esta emergencia, la plataforma de streaming de Cinépolis Klic tenga una película que será el equivalente perfecto a dichos videos por la importancia de la música en su temática pero también por el mensaje de que en ocasiones un talento musical puede tener una mayor trascendencia en un determinado contexto o circunstancia que la que de por sí posee como arte.

“The Song of Names” (o “Canción de los Nombres”, que sería su título correspondiente en español) es una historia que inicia en época actual cuando Martin (Tim Roth), un hombre inglés quien es hijo de un buscador de talentos que tuvo como hermano de crianza a un niño polaco huérfano a partir de la Segunda Guerra Mundial a raíz de que este llegó a coincidir con su padre debido a su talento para la música particularmente con el instrumento de violín. La película se remonta entonces a ese episodio así como los años que le siguen en los que el niño de nombre Dovidl (interpretado en esta etapa por el actor Jonah Hauer -King, de “Mis huellas a casa”) se convierte en un adolescente no menos prodigioso pero que misteriosamente desaparece sin dejar rastro en la víspera de su primer gran concierto.

Es cuando en época actual, y después de una búsqueda que llega a la obsesión por conocer el por qué de su desaparición que le provoca inclusive una tensión conyugal con su esposa Helen (Catherine McCormack), Martin logra dar finalmente con el paradero de Dovidl (ahora interpretado por Clive Owen) aunque quizás la respuesta sea todavía más desconcertante e inesperada a lo que todos ellos anticipaban.

Dirigida por el realizador de origen canadiense Francois Girard, recordado por un memorable filme que en su caso giraba alrededor del mismo instrumento musical que también es hilo conductor de esta película, “El violín rojo”, de 1998, es en este caso no solo favorecida por un par de primeros actores previamente nominados al Oscar como Roth (por “Rob Roy”, de 1995) y Owen (por “Closer: Llevados por el deseo”, del 2004) pero la estrella principal de este filme es la música que está a cargo del compositor ganador de tres Oscares Oscar Howard Shore (por composiciones de la saga de “El Señor de los Anillos”) que enaltece esta historia relacionada a honrar instituciones como la familia y la religión en su esencia original por encima de asuntos “terrestres” que de alguna forma nos han llevado a donde estamos.

Comentarios a:  galindo.alfredo@gmail.com; Twitter: @AlfredoGalindo

Alfredo Galindo

Columna: Cinelectronico

Productor, Director y Guinista de cine.

Columnista del periódico Vanguardia desde 1995, escribe sobre música, cine y televisión. Combina la pasión de escribir con la creación cinematográfica.