Es más que una casualidad que el nombre de la popular app china también se asemeje al sonido que emite lo que crecientemente suena como una bomba de tiempo en la tensión geopolítica entre Washington y Pekín. De entrada, como la primera plataforma de red social china con usuarios en todo el mundo, lo que ocurra con TikTok determinará si el internet puede subsistir como una herramienta verdaderamente global. 

Pero en el fondo, también se ha convertido en una prueba de fuego estratégica para las relaciones entre ambos países. Mientras que para sus 30 millones de usuarios estadounidenses la aplicación representa una plataforma de videos de baile virales, para la administración Trump es una cuestión de seguridad nacional y revanchismo. No es ninguna novedad que Donald Trump trate al comercio y la diplomacia como si fuesen transacciones inmobiliarias. Pero el pulso en torno a TikTok es la expresión más reciente de un cisma que se expande entre Estados Unidos y China, y que apunta a un futuro donde la tecnología e innovación se amurallan cada vez más detrás de barreras ideológicas y soberanas, convirtiendo al internet más en una zona de competencia y otro frente más de la pugna estratégica y tecnológica entre naciones.

La discusión sobre TikTok al interior del gobierno de Trump comenzó a mutar a fines de junio, poco después de que usuarios estadounidenses de la app se atribuyeran el mérito de inflar las expectativas de la multitud que supuestamente acudiría a un mitin de campaña de Trump en Tulsa, Oklahoma, para luego boicotearlo y dejar grandes secciones de la arena vacía y al Presidente echando espuma por la boca. A principios de julio, el secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmaba que EU estaba evaluando prohibir el uso de TikTok, y este mes Trump anunció que había tomado la decisión de vedar la aplicación. La decisión, razonada como una preocupación de seguridad, también se alimenta del intento chovinista y electorero de Trump por culpar a China de la pandemia del coronavirus y perjudicar sus posibilidades de reelección.

Pero en el fondo, más allá de la dinámica particular de la disputa sino-estadounidense, la medida es un disparo sobre la proa a otras empresas tecnológicas extranjeras en el sentido de que Washington tiene la intención de favorecer a sus empresas en la arena digital. Las acciones de Trump contra el uso de TikTok —así como la de este lunes contra Huawei— sugieren que su gobierno está adoptando una postura más similar a la de China, concibiendo al internet y sus empresas como un espacio que el Estado nación puede y debe controlar al interior de sus fronteras. La embestida a TikTok además amenaza —como el resto de la política comercial de Trump— con echar por la borda la reputación de Estados Unidos como campeón de un sistema de comercio global justo y basado en reglas y representa una ruptura gigante con el consenso bipartidista de décadas en el sentido de que los intereses estadounidenses son mejor servidos con la competencia y un terreno de juego parejo.

Estamos por entrar a una era de un internet cada vez más balcanizado, tanto para naciones como consumidores. No está claro cómo se resolverán esta serie de tensiones en los meses y años venideros, sobre todo con Trump en el poder. Pero lo que sí es un hecho es que TikTok presagia un creciente desacoplamiento económico y una espiral de represalias mutuas entre ambas naciones. 

Arturo Sarukhán

OPINIÓN INVITADA