Tinta. Con bolígrafo y otras técnicas el tlacuilo plasma los símbolos de su identidad. OMAR SAUCEDO
El artista Tlacuilo Huachichil presentó su primera exposición individual en Residencias Corona, donde plasma los símbolos de su cultura de barrio

“Yo represento a la cultura del barrio, de los cholos, que va aunado con la cultura prehispánica y este orgullo nacionalista”, esta es la base sobre la cual Tlacuilo Huachichil plantea su primera exposición individual, “Mehika Soy”.

La muestra, que inauguró el pasado miércoles 16 de septiembre en Residencias Corona, reúne su trabajo más reciente, en el cual presenta los símbolos y las expresiones de la cultura con la que se identifica, la que se desarrolla en la calle y que pocas veces tiene presencia en las plataformas más visibles.

En entrevista con VANGUARDIA, Luis Carlos Herrera, egresado de la Escuela de Artes Plásticas de la UAdeC —que esta semana cumple un centenario de existencia—, comentó que más que un artista se identifica como un tlacuilo, término náhuatl que quiere decir “conocedor de la tinta negra y roja”.

“Trato de dar un discurso totalmente alejado de como se conoce actualmente, del canon occidental”, explicó, “trato de rechazarlo totalmente y de hacer que las personas vean que acá en la Anáhuac, o en otros lados del mundo, hay otras manifestaciones artísticas, no nada más está Europa”.

“El mundo es muy vasto y la historia universal está basada en el eurocentrismo”, agregó, “y el mundo es más grande que Europa. Yo me baso en la cultura Anáhuac, que es la cultura de nuestros abuelos, de América, específicamente de México”.

ESPECIAL

Su nombre artístico, Tlacuilo Huachichil, proviene de la unión del término antes descrito y del nombre de la tribu nómada que habitaba los territorios del sur de Coahuila antes de que fueran exterminados por los colonizadores españoles y posteriormente por los primeros gobernantes de México.

Si bien maneja distintas técnicas de pintura, destacó el uso del bolígrafo al tratarse de un instrumento que es utilizado con frecuencia en el contexto del que proviene, donde, por ejemplo, es de los medios para dibujar o escribir más accesibles en prisión, situación común para quien crece en un barrio.

“El nacionalismo es algo que a nosotros nos identifica y cualquier cosa que portamos, desde calzado, ropa, corte de cabello, toda esa onda, es totalmente nacionalista”, añadió, “yo escudriñé todo esto y me fui más allá. Se habla del orgullo café, del orgullo azteca, fuimos aztecas, pero eso fue más al centro, más al sur”.

“Yo en este caso, dentro de la gran Chichimeca soy Coahuilteca, soy Huachichil, entonces eso me fue llevando a una búsqueda espiritual de mí mismo, y eso cada vez se fue haciendo más y más fuerte y haciendo que me diera más gasolina para entrar en un mundo totalmente occidental como la Escuela de Artes Plásticas, donde el canon es así”, continuó acerca de su paso por la escuela y cómo se mantuvo fiel a sus ideales en medio de una educación heredera de los maestros europeos.

Reconoció que desde se cultura, de los cholos, están en contra del sistema y de lo establecido, pero las relaciones que han entre ellos no les han permitido unirse contra aquello que los aqueja, y terminan por ello dedicando tiempo y energía a las rencillas personales, internas de sus comunidades.

“La guerra entre nosotros mismos, la delincuencia, la drogadicción, la violencia entre barrios, no nos permite dar ese otro paso”, explicó, “por ejemplo yo veo a los rockeros, no sé, que hacen manifestaciones, y nosotros estamos en un lugar luchando contra nosotros mismos y saltando de ahí podemos estar del lado de las otras tribus y peleando por nuestro ideal, por la sociedad, por lo que nos pertenece”.

Tlacuilo reconoce que llegar a ese punto, en el que su comunidad superará los conflictos internos para pensar más allá de sus fronteras, tomará tiempo, pero es a través de su trabajo que busca comenzar a difuminar estos límites.

La inauguración comenzó con un ritual para dar la palabra tanto al tlacuilo como a los anfitriones, quienes agradecieron la presencia de rostros nuevos, amigos del barrio del creador, en otro gesto más del intercambio cultural que con el arte se está dando.