Fotos: Especial
La analogía perfecta del cine digital y vacío poseyendo las pantallas y a grandes talentos, esta cinta es caótica, torpe y un gran desperdicio de elenco

Calificación: 3.2 de 10

Imaginen que hay un ser amorfo que se quiere meter en tu cuerpo y obligarte a hacer cosas sin pensar. Es violento, ruidoso, grotesco y lo único que quiere es devorar… pero tu cartera. No estoy hablando del “simbionte” Venom, sino de la película que lleva su nombre. Esta es una creatura salida de las profundidades más sórdidas del cine de superhéroes, el blockbuster sinónimo de comida chatarra que no tiene nada que ofrecer y le chupa la vida misma a un elenco talentoso. Es lo que uno imaginaría: Sony, ahora que ya vendió los derechos de su Spider-Man a Marvel Studios, insiste en tener su propia rebanada del pastel fílmico de los cómics. Como ya no pueden usar al arácnido en su totalidad, tienen que sacar otros personajes del mismo mundo y hacer con ellos lo mejor posible. ¿Qué consiguen con un villano tan querido como Venom? Si había buenas ideas, murieron antes de llegar a la pantalla.

La cinta cuenta la historia de Eddie Brock (Tom Hardy), un reportero famoso con un programa de televisión que parece sobre chismes sensacionalistas, pero es en realidad un profundo trabajo de investigación que le ha ganado el respeto del mundo periodístico. Él vive feliz con su prometida Anne (Michelle Williams), hasta que le encargan entrevistar al empresario Carlton Drake (Riz Ahmed), un tipo obsesionado con el espacio exterior, que tiene una compañía millonaria y aparentemente conexiones criminales. Aunque la idea es que nada más lo entreviste por encimita, él insiste en investigar más allá y logra descubrir que están experimentando con una raza alienígena: los llaman “simbiontes”, son creaturas medio líquidas que necesitan adherirse a otra forma de vida para sobrevivir. Drake se la pasa matando vagabundos en busca de la perfecta unión con un humano, sin saber que lo único que necesitaba es el cuerpo de Brock, el cual es poseído por un “simbionte” llamado Venom.

Vayamos al grano: esta cinta es muy mala y nunca tuvo esperanzas de ser otra cosa. Desde su concepción ya estaba mal, pues no era más que el intento de Sony por crear su propia franquicia de superhéroes. No por nada la gran pregunta de todos cuando promocionaban la cinta era “¿y saldrá el Spider-Man de Marvel (Tom Holland)?” Si acaso un poco de curiosidad y un grano de posible creatividad tenía era por la presencia de actores de gran renombre como Tom Hardy, Michelle Williams y hasta Riz Ahmed, cuyas habilidades histriónicas hacen que uno se sienta curioso de verlos casi donde sea, hasta en “Venom”. A todos los talentosos les llega su momento: se aparece una gran productora ofreciendo un gran cheque y deben decidir si aceptarlo o no. Una vez que firman el contrato, se adhieren a ellos como un pegajoso “simbionte”, obligándolos a hacer toda clase de estupideces. “¡Eres mío, Tom Hardy!” (léase con voz de Venom).

Hay dos tipos de blockbuster: los que son divertidos y los que son un producto. Bueno tres, porque hay algunos que le echan más ganas y no sólo son divertidos, sino que logran hasta conmovernos. “Venom” creo que ya saben de qué tipo es. Es una abominación ruidosa que grita para llamar la atención: “¡mírenme, yo también juego con superhéroes, yo también soy cool!” Y es la analogía perfecta, una creatura digital monstruosa que toma posesión de las pantallas y las personas, un parásito que sólo quiere comer y destruir todo a su paso. Es el espíritu mismo de las malas cintas de superhéroes. Es muy gracioso ver a Tom Hardy agonizar en este personaje, al verse torturado por movimientos involuntarios de su cuerpo y una voz que le habla en su cabeza. Eddie Brock está en una situación de la que no puede salir una vez que tiene el “simbionte” adentro. Hardy es un gran actor luchando por no ser devorado por una enorme masa digital.

Venom es un personaje querido y hasta yo, que nunca he sido fan de los cómics, ni he leído más que un par en mi vida, recuerdo que en mi infancia el personaje me parecía genial. El concepto del mismo realmente sí se presta para hacer un buen filme. Pero pobre, este personaje todavía no encuentra su camino en la pantalla grande. Su primera encarnación la vimos en “Spider-Man 3” (2007), también muy mala y, en aquel caso, opacada por otro puñado de villanos. Aquí tiene todo para él solo, ni siquiera sale Spider-Man. Es terreno libre, un lienzo en blanco que debería aprovecharse. Destacaría dos cosas del personaje: una, que sea una creatura que posea un cuerpo y lo obligue a hacer su voluntad; dos, que visualmente podría prestarse a buenas escenas de acción. De lo segundo puedo decir que esta película es uno de los peores desastres visuales. Estas secuencias son un caos absoluto donde no se entiende nada. El otro aspecto se reduce a una voz en la cabeza de Brock, que termina por ser un asunto de comedia malograda.

No es interesante, no es inteligente y no es entretenida. Al menos debería ser divertido ver a Venom pelear, devorar personas, pero no y todavía para hacer las cosas peor, su clasificación PG-13 (B, en México) quita todo dejo de violencia y hace la acción todavía más desabrida. Lo peor es que todo lo demás no funciona. El protagonista ni siquiera es una persona agradable o alguien que logre lo suficiente para querer seguir su aventura. Cuando llega Venom se vuelve peor, de los dos no se hace uno, como dicen por ahí. Se tiene que entender a los protagonistas al menos, aunque no coincidamos con ellos. Debemos, en cierto nivel, sentirnos identificados. Hay una historia de amor y toda la cosa, pero nada basta, mucho menos para la pobre Michelle Williams cuyo personaje no aporta. ¿Qué cosas positivas puedo sacar de esta experiencia, entonces? Quizá la simple curiosidad de ver cómo arruinan todo. Pero al final es como dice Eddie al ver a Riot: “eres la cosa más horrible que jamás he visto”.

EL DATO

Director: Ruben Fleischer
Elenco: Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Scott Haze, Reid Scott, Jenny Slate, Melora  Walters.
Género: Superhéroes.
Clasificación: B
Duración: 112 minutos