Foto: Tomada de Internet
En el apogeo del negocio de las ejecuciones, un sicario promedio llegaba a ganar hasta 15 mil dólares por cada asesinato, pero ahora todo esta devaluado, comenta

"El asesinato era tan simple que comenzaba solo con una llamada a mi celular". Pero tan despiadada que culminaba comúnmente en una decapitación, sin embargo era al final, solamente el trabajo de un sórdido sicario mexicano uno de esos que aterrorizaba a los habitantes de Ciudad Juárez.

Localizaba su armamento y a su equipo de crímenes en su casa de seguridad. Mismo lugar en donde le mostraban y entregaban una imagen en forma de fotografía de su objetivo, algún jefe de la policía que no ha querido pagar, o algún político que obstaculizaba las aspiraciones criminales de otro.

Y en este momento el trabajo consistía en esperar la orden de atacar, a veces hasta por días.  La víctima se convertía en objetivo, y que podría encontrarse en su casa, oficina, restaurante, saliendo de un centro comercial, o en el asiento trasero de una patrulla policiaca. Rara vez los asesinos trabajan para encontrar a su objetivo. A los guardaespaldas generalmente se les soborna y listo.

En el apogeo en el negocio de las ejecuciones, un sicario promedio llegaba a ganar hasta 15 mil dólares por cada asesinato, pero ahora todo esta devaluado, comenta.

Hoy en día cualquier hijo de vecino coge una pistola y ya es sicario, “operan sin ningún tipo de cuidado”, “asesinan a mujeres y niños”, comenta el sicario mientras manifiesta su descontento, argumentando que él fue un profesional desde su primer “trabajito” a los 17 años.

“Yo mataba, cortaba cabezas. Tuve mucho trabajo en el 2008, a veces varios trabajos por día”, comenta fríamente. 

Los sicarios que operan en México son un factor importantísimo, una prominente economía emergente que abastece de petróleo ilegal a Estados Unidos, en un margen de conflicto que está alarmando a Washington, al turismo y a inversionistas extranjeros.

Operó durante varios años en la frontera, en  Baja California, Sinaloa y Sonora. Y previo a que la guerra del narcotráfico escalara, se traslado a Juárez donde el capo Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán del estado de Sinaloa envió a sus hombres a pelear por las rutas de trasiego de droga a Estados Unidos.

Fue contratado para matar a empresarios, funcionarios locales y jefes policíacos, nunca contrabandistas de poca monta. 

Tras 20 años en el negocio, no pudo más y se retiró.

“He cambiado mi vida”, comenta al tiempo que sostiene una Biblia. Se dice arrepentido, pero el pasado pesa en su conciencia. “Muchas veces ves cómo quedan las personas, con sus cabezas desbaratadas a balazos. Quedan grabadas en la mente”, concluyó


Con información de Blog del Narco