Marzo apunta a ser el mes más caluroso y Coahuila figura entre los estados con alza promedio de temperatura
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Coahuila registraría un aumento de temperatura por encima de su promedio histórico, en un contexto global marcado por el calentamiento acelerado y eventos extremos cada vez más frecuentes
Coahuila se perfila como una de las entidades del país que resentirá con mayor intensidad el aumento de las temperaturas durante marzo, mes que, de acuerdo con proyecciones meteorológicas, podría convertirse en el más caluroso del año. El incremento térmico previsto supera los promedios históricos y se inserta en una tendencia global de calentamiento sostenido que ya no es una advertencia futura, sino una realidad cotidiana.
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El señalamiento sobre Coahuila forma parte del análisis expuesto por la periodista Lorena Rivera en su columna para Excélsior, donde advierte que varias regiones del país, entre ellas entidades del norte como San Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas y Coahuila, enfrentarán aumentos superiores a dos grados centígrados respecto a registros de años pasados, elevando los riesgos para la salud, la disponibilidad de agua y la actividad agrícola.
A escala planetaria, los mapas compartidos por meteorólogos y climatólogos muestran extensas zonas del mundo dominadas por tonalidades rojas intensas, indicativo de temperaturas muy por encima del promedio. Olas de calor, sequías prolongadas, incendios forestales, tormentas e inundaciones extremas se han convertido en una constante, con ejemplos recientes como Australia, donde se han registrado temperaturas cercanas a los 50 grados centígrados, incluso durante eventos deportivos de alcance internacional.
Las proyecciones científicas refuerzan la alerta. El Servicio Meteorológico británico estima que en 2026 la temperatura media global podría ubicarse entre 1.34 y 1.58 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, lo que convertiría a este año en el cuarto más caluroso registrado. Registros de Copernicus ya confirman que 2024 superó temporalmente el umbral de 1.5 grados, consolidando una tendencia que antes se consideraba un escenario extremo.
Para México, este contexto se traduce en una presión creciente sobre sistemas urbanos, energéticos e hídricos, así como en mayores riesgos a la salud pública. Golpes de calor, deshidratación y afectaciones físicas y mentales han dejado de ser episodios aislados. Especialistas coinciden en que las recomendaciones preventivas son necesarias, pero insuficientes, frente a un problema estructural que exige decisiones políticas, transición energética y cambios profundos en el modelo de desarrollo.