Obispo de Torreón llama a vivir la Cuaresma con auténtica conversión y compromiso social
COMPARTIR
El obispo de Torreón llamó a vivir la Cuaresma con conversión auténtica y compromiso social, más allá de los ritos externos
TORREÓN, COAH.- Con el inicio del periodo cuaresmal, Luis Martín Barraza Beltrán, obispo de la Diócesis de Torreón, exhortó a la comunidad católica a transitar estos cuarenta días como un trayecto de conversión profunda y compromiso social. El prelado enfatizó la importancia de situar el “misterio de Dios” como el eje rector de la existencia, superando el plano individual para alcanzar lo comunitario.
Para monseñor Barraza, este tiempo litúrgico es una oportunidad para reconocer la “paciencia y misericordia divina”, haciendo eco de la invitación bíblica de retornar al camino del Señor con sinceridad. Subrayó que la fe debe manifestarse en acciones tangibles que respondan a las crisis de violencia, hambre y migración que golpean a la región.
TE PUEDE INTERESAR: Presentan bandera invertida en ceremonia por el 428 aniversario de Parras de la Fuente
El obispo destacó el reciente envío de agentes pastorales para las “semanas misioneras”. Esta iniciativa busca que las parroquias salgan al encuentro de los ciudadanos en sus hogares, priorizando la atención a quienes sufren de soledad, enfermedad o abandono.
“Mi deseo es que esta sea una Cuaresma de misión, donde el encuentro humano sea la prioridad”, afirmó el obispo.
Respecto a las prácticas penitenciales, Barraza Beltrán aclaró que, aunque el precepto marca pautas alimentarias específicas, el trasfondo es espiritual. El ayuno, señaló, debe despertar en el fiel un “hambre de la palabra de Dios” y una sobriedad que permita distinguir lo esencial de lo superfluo.
Propuso además un “ayuno de palabras”, instando a los fieles a sustituir la crítica por mensajes que consuelen y edifiquen al prójimo. Sobre la abstinencia de carne, pidió flexibilidad y humildad, especialmente para quienes, por su situación económica, ya viven en la sencillez alimentaria.
Finalmente, al observar la alta afluencia durante el Miércoles de Ceniza —especialmente en turnos vespertinos—, el obispo celebró el fervor religioso, pero lanzó una advertencia: la imposición de la ceniza no debe verse como un “amuleto” de buena suerte.
Indicó que, aunque las parroquias han multiplicado sus horarios de misas y liturgias para atender a la multitud, el reto persiste en transformar ese gesto externo en un proceso real de cambio de vida. “El éxito no es solo llenar templos, sino que esa fe se viva con autenticidad”, concluyó.