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Para Caruso un amargo recuerdo; para Saltillo el más grande honor

Coahuila
/ 27 noviembre 2021

El napolitano paró en nuestra ciudad para recuperarse, ya vivía sus últimos momentos como cantante

Si existía una voz privilegiada a inicios del siglo XX, esa era la de Enrico Caruso. El tenor italiano transmitía pasión con su canto y se volvió un referente de la ópera. Su fama mundial llegó en 1904, cuando grabó discos que se vendieron en América y Europa.

Por su reconocimiento internacional costaría pensar que una figura como él visitara Saltillo; pero así ocurrió, aunque lo hizo en condiciones lamentables de salud y casi por obligación.

El 29 de octubre de 1919 Caruso se presentó en la Ciudad de México y cuando llegó a la capital del país, llevaba tres meses que no cantaba en la ducha. Caruso al salir del baño hacía gárgaras con una solución para desinflamar las cuerdas vocales, lo que le había recetado su médico neoyorquino, Holbrook Curtis.

EN LA FLOR DE LA EDAD

Caruso tenía 46 años cuando visitó México, estancia durante la cual le escribió a su esposa Dorothy, para explicarle lo mal que se sentía.

“Estoy en cama sufriendo desde anoche. Toda la noche me molestó el dolor del tórax. Ya van tres días de sufrimiento terrible ¡Imagínate en qué estado de ánimo voy a pasar dos horas cantando “Sansón”! Tengo fiebre”, dicen unos textos rescatados por el escritor y médico saltillense Jorge Fuentes Aguirre.

Después del concierto Caruso volvió a comunicarse con su esposa. Le comentó que logró cantar bien gracias a un bálsamo que se aplicó en nariz y cuello. Pero todo empeoró cuando inició el regreso a Nueva York, donde vivía.

Le volvió la fiebre y se sumaron dolores en el costado derecho del pecho. Ya que su viaje fue por tren, en el México-Laredo, la recomendación de su doctor fue que se detuviera a descansar. La ciudad que eligió fue Saltillo, porque era punto de conexión ferroviario.

LLEGADA EN MAL ESTADO

El miércoles 19 de noviembre Caruso llegó al Hotel Coahuila, en Saltillo, entonces ubicado en la manzana de las calles Allende, Victoria, Morelos y Juárez. Se hospedó en la habitación 107, de la cual casi no salía más que para atender alguno que otro fan que quisiera verlo en el vestíbulo.

Uno de esos seguidores fue José De Nigris, quien le contó al escritor Jorge Fuentes que él y su papá fueron al Hotel Coahuila para ver a Caruso porque se trataba de una oportunidad única.

Describió la escena con el cantante sentado en un sofá cercano a la escalinata principal. Llevaba un abrigo gris y una bufanda alrededor del cuello. Tosía mucho y cada que lo hacía se cubría con un pañuelo.

También recordó que a Caruso lo acompañó un señor alto y muy elegante. Aunque se cree que pudo haber sido su representante, eso solo quedó como especulación.

Por el estado de su precaria salud no le permitió hacer gran cosa en Saltillo, había comenzado el principio del fin, se encontraba enfermo, aquellas cajetillas de cigarros egipcios que fumó por años y un error médico aceleraron su deterioro. Caruso murió en su natal Nápoles en las primeras horas de la mañana del 2 de agosto de 1921.

Caruso dejó Saltillo el 22 de noviembre, solo cuatro días después de su arribo.

SOBRE SU MUERTE

Ya en Nueva York, el cantante fue atendido de urgencia por el doctor Curtis. Lo encontró muy congestionado y con complicaciones en el aparato respiratorio, pero se le dio tratamiento.

En diciembre de 1919, Caruso se presentó en el Metropolitan Opera House de Nueva York. Pero a diferencia de lo ocurrido en México, las cosas no salieron bien esta vez.

Durante la presentación, la pechera del italiano se manchó de sangre. Le pasaron una toalla para limpiarse los labios y siguió un rato más, pero luego salió del lugar y se suspendió el evento. La indicación médica fue que descansara unos días.

SU CANTO DE CISNE

Ese mismo año todavía se presentó en el concierto de Víspera de Navidad, también en el Metropolitan. Ese fue su último evento. La mañana siguiente tuvo un fuerte dolor y tras ser inspeccionado, el internista Evan Evans le dio un diagnóstico terrible: pleuresía aguda con un absceso pulmonar invasivo.

En otras palabras, no había remedio y los dolores acabarían con él. Caruso decidió regresar a su lugar natal. Falleció en Nápoles, Italia, el 2 de agosto de 1921. Murió un año, ocho meses y 12 días después de haber llegado enfermo a Saltillo, la pequeña ciudad en el mapa que le dio un descanso en un hotel que fue demolido en 1965.

*Con información de Jorge Fuentes Aguirre y Archivo Municipal de Saltillo.

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