Ana Siller: continuidad y liderazgo femenino en una empresa pionera
Ana impulsa la evolución de Grúas San José, empresa familiar con casi 50 años de tradición. Y como tercera generación, honra el legado fundado por sus abuelos mientras fortalece su crecimiento
En Saltillo hay empresas que han crecido junto con la comunidad y que, con el paso del tiempo, se convierten en referencia de trabajo, confianza y servicio. Grúas San José es uno de esos nombres.
Como parte de su operación está hoy Ana Bertha Siller Alday, integrante de la tercera generación de esta empresa familiar especializada en arrastre, salvamento, depósito de vehículos y maniobras industriales de gran capacidad. Su presencia dentro de la compañía representa continuidad, pero también evolución dentro de una organización que nació hace casi cinco décadas.
Para Ana, formar parte de un negocio con tanta tradición implica orgullo y responsabilidad. Grúas San José fue fundada por sus abuelos y se trata de una de las primeras compañías de grúas en la región. Crecer dentro de ese entorno significó comprender desde muy pequeña el valor del trabajo constante y del compromiso con los clientes.
“Ser parte de la tercera generación significa honrar el legado de mis abuelos y mantener vivos los valores que construyeron la empresa”, señala.
A lo largo de los años, Grúas San José ha pasado de ser un proyecto familiar a consolidarse como una empresa pionera dentro de su sector. Ese crecimiento también ha traído nuevas decisiones y retos. En ese proceso, Ana ha asumido un papel activo, impulsando el desarrollo y la expansión del negocio.
Uno de los pasos más importantes ha sido la apertura de una sucursal en Piedras Negras, Coahuila, con el objetivo de ampliar el alcance de los servicios que ofrece la empresa y atender a más clientes, siempre manteniendo la calidad y la confianza.
Más allá del crecimiento operativo, la base de la empresa sigue siendo la misma que hace casi 50 años. Para Ana, los principios que han guiado a Grúas San José se resumen en trabajo honesto, responsabilidad, respeto y cumplir siempre la palabra. Son valores que han permitido construir relaciones duraderas tanto con clientes como con colaboradores.
En algunos casos, esas relaciones incluso han trascendido generaciones.
“Hay familias que han trabajado con nosotros por muchos años. Eso habla de la confianza que se ha construido a lo largo del tiempo”, explica.
Su trayectoria en la empresa también ha significado abrirse paso en una industria que históricamente ha sido ocupada por hombres. Sin embargo, para ella la experiencia ha sido enriquecedora y ha confirmado que el liderazgo no depende del género.
“He aprendido que el liderazgo se construye con preparación, disciplina y visión”, afirma.
Esas cualidades también ha estado presente en las mujeres de su familia, quienes han sido un ejemplo constante de fortaleza y trabajo.
Desde su perspectiva, los negocios familiares tienen además una responsabilidad directa con la comunidad donde nacieron. Si una empresa crece gracias a la confianza de su entorno, también debe responder con integridad, generación de empleo y compromiso con el desarrollo de la región.
En ese sentido, el liderazgo femenino dentro de una empresa familiar representa para ella respeto a la historia y que al mismo tiempo impulse nuevas ideas y oportunidades de crecimiento.
Y en lo personal, su motivación principal es honrar el esfuerzo de quienes comenzaron el camino.
“Me motiva el trabajo de mis abuelos y de mi mamá, y asegurar que el legado continúe generando empleo, oportunidades y desarrollo para futuras generaciones”, comparte.
Para las mujeres que hoy comienzan a abrirse camino en distintos sectores, su consejo se basa en confiar en su preparación y en su capacidad.
Mujeres que mueven Saltillo tiene un significado muy concreto y a la vez literal para Ana. Habla de impulsar cambios, proyectos y comunidades y remata: “seguimos moviendo vehículos, historias y el legado familiar de Grúas San José, demostrando que las mujeres también lideramos con impacto y visión”.