De un antojo de embarazo a una tradición saltillense: la historia detrás del regreso de Il Conde y Hugos La Juerta

De un antojo de embarazo a una tradición saltillense: la historia detrás del regreso de Il Conde y Hugos La Juerta

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Lo que comenzó en 1979 con una licuadora prestada y un extractor de jugos terminó convirtiéndose en el origen de una de las familias restauranteras más reconocidas de Saltillo.

Saltillo
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Antes de Il Mercato, antes de la Terraza Romana y mucho antes de que el apellido Gentiloni se asociara con algunos de los restaurantes más conocidos de Saltillo, todo comenzó con una licuadora prestada, un extractor de jugos y el antojo de una mujer embarazada.

La historia se remonta a 1979, cuando Beatriz Arizpe buscaba en Saltillo los jugos que solía consumir en sus visitas a la Ciudad de México. No los encontraba. Cada viaje terminaba igual: regresaba cargando galones o encargándolos a familiares.

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$!Beatriz Arizpe recordó que Hugos La Juerta nació en 1979, cuando decidió emprender tras no encontrar en Saltillo los jugos que acostumbraba consumir durante su embarazo.

Sin saberlo, aquella necesidad daría origen al primer negocio de la familia.

“Todo surgió porque yo estaba embarazada y mi gran antojo eran los jugos. Me encantaba ir a la Ciudad de México (...) y tenían unos jugos deliciosos, y yo me venía cargando galones de la Ciudad de México o venía mi hermana y le encargaba galones”, recordó Beatriz Arizpe durante la reapertura de Il Conde y Hugos La Huerta, frente a la Alameda.

En aquella época, las opciones eran escasas.

“Aquí había nada más una tienda que vendía jugos y vendía únicamente de zanahoria y de naranja. Eran los únicos jugos que existían en Saltillo”, relató.

Ante esa situación, decidió emprender junto con su esposo, el italiano Emanuele Gentiloni.

“Mi mamá me prestó un extractor de jugos Jumex, una licuadora y 12 copas. Y con eso nos aventuramos a abrir la primera tienda de jugos”.

Así nació Hugos La Huerta en agosto de 1979.

UN NEGOCIO CONSTITUIDO JUNTO A SUS CLIENTES

Lo que comenzó como una pequeña juguería fue creciendo poco a poco. La familia empezó a producir yogurt cuando todavía era un producto poco conocido en la ciudad.

“Tuvimos una vaca, luego dos y así fuimos creciendo hasta tener 100 vacas”, recordó Beatriz Arizpe.

Pero quizá uno de los elementos más peculiares de aquellos años fue que muchos de los productos que hicieron famoso al negocio no fueron creados por los dueños, sino por los propios clientes.

“La Bomba del Profesor, así se llamaba uno de los jugos. Era porque había un profesor de aquí de la Normal que llegaba todas las mañanas por su jugo de fresa, le ponía los huevos, le ponía germen de trigo, nueces, miel, y en la licuadora”.

Lo mismo ocurrió con otras combinaciones que terminaron formando parte del menú durante años.

“La Crema de Más Amor, llegaban dos, una parejita, y pedían papaya, yogur y plátano. Todas las recetas las fue inventando la gente”.

EL SUEÑO DE EMANUELE GENTILONI

Mientras Hugos La Huerta se consolidaba, Emanuele Gentiloni tenía otro objetivo.

“Siempre estaba con la idea de: ‘quiero abrir un restaurante’”, recordó Beatriz Arizpe.

Ese sueño tomó forma en 1991 con la Terraza Romana y años después derivó en otro concepto que mezclaba dos culturas que también convivían dentro de la familia: la italiana y la mexicana.

“El 16 de junio de 2004 fue cuando abrió mi papá Il Conde, que es una mezcla de pizzas y tacos”, explicó Fabio Gentiloni.

$!Fabio Gentiloni señaló que la reapertura de Il Conde representa un regreso al origen de una historia familiar que comenzó hace más de cuatro décadas en el Centro de Saltillo.

El proyecto comenzó en una cochera contigua al inmueble familiar y rápidamente llamó la atención de quienes frecuentaban la Alameda.

Parte de su éxito estaba ligado a la personalidad de su fundador.

“Mi papá era una persona muy irreverente. Le decían El Conde a él, por eso se llama Il Conde. Y se subía al techo de la Terraza Romana con un micrófono y a toda la gente que iba pasando los iba invitando a que pasaran a probar sus pizzas”.

LA ESQUINA DONDE COMENZÓ TODO

Para los Gentiloni Arizpe, la reapertura tiene un significado que va más allá de un nuevo negocio. La esquina de Victoria y Purcell forma parte de la historia familiar desde hace generaciones.

“Esa casa que está aquí al lado, donde empezó Il Conde, fue la primera casa de mis abuelos, hace más de 100 años. Tiene mucha historia familiar”, contó Fabio Gentiloni.

Además, representa la visión que durante años defendió Emanuele Gentiloni sobre el Centro Histórico de Saltillo.

$!De una pequeña juguería familiar surgieron proyectos que con el tiempo marcaron la oferta gastronómica de Saltillo y dieron paso a nuevos conceptos restauranteros.

“Mi papá siempre decía que el centro nunca va a pasar de moda y creo que tenía razón, y por eso hay que seguir invirtiendo”, aseguró.

Tras varios años concentrando esfuerzos en otros proyectos, como Il Mercato, la familia decidió regresar al origen.

“Siempre con la idea de regresar aquí, al origen, a este espacio que lo vio nacer y ahora, ya después de casi 10 años, vamos a reabrir en esta esquina, que para nosotros es la esquina más bonita de Saltillo”.

Hoy, casi medio siglo después de aquella licuadora prestada y aquellas 12 copas, la familia vuelve al mismo sector donde inició su historia empresarial. No se trata solamente de reabrir un restaurante o una juguería; se trata de volver al lugar donde nació una aventura familiar que terminó formando parte de la identidad gastronómica de Saltillo.

“Es mucha emoción, es recordar a mi papá y eso es lo que más nos emociona de este proyecto acá del centro”, concluyó Fabio Gentiloni.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), con formación técnica en artes, y reportero de la sección local en VANGUARDIA.

Cubre temas con enfoque social, sistema de salud y salud mental, así como historias que visibilizan problemas de interés público o que buscan inspirar a la comunidad.

Ha tenido experiencia como docente en instituciones educativas de nivel preescolar, primaria y preparatoria, impartiendo talleres o clases de artes, español e inglés; además de ser aficionado a los videojuegos, las series y el cine.

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