Después de medio siglo, extranjero emprende emotiva búsqueda entre memorias de Saltillo

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Saltillo
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Antiguo estudiante regresa a sus raíces afectivas y pide apoyo ciudadano para reencontrar amistades de 1969

Con la esperanza intacta y el peso entrañable de los recuerdos, Tony, un ciudadano estadounidense que en el verano de 1969 llegó a Saltillo para estudiar en el entonces Instituto de Estudios Iberoamericanos, lanzó un emotivo llamado a la comunidad saltillense para ayudarle a reencontrarse con personas que marcaron profundamente una de las etapas más significativas de su juventud.

A sus 20 años, cruzó la frontera atraído por la oportunidad académica que ofrecía aquella institución dirigida por David Simmons, experiencia que, asegura, transformó su vida y le dejó vínculos humanos imposibles de olvidar.

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Hoy, más de cinco décadas después, Tony conserva intactas imágenes, nombres y escenas de una ciudad que —dice— lo acogió como uno más de sus hijos, motivo por el cual emprendió una búsqueda profundamente personal para localizar a quienes compartieron con él aquellos días.

Una de sus principales pistas lo lleva hasta la familia Ayala, con quienes se hospedó durante su estancia en una antigua casona del Centro Histórico, ubicada a unos minutos de la Catedral de Santiago, inmueble que aún permanece vivo en su memoria por su patio cuadrado, un pozo central y una pequeña higuera que daba sombra a las tardes de verano.

Recuerda con especial claridad a la propietaria de la vivienda, una mujer viuda de carácter amable, así como a su hijo soltero, un joven rubio a quien todos llamaban “El Güero”, y que en aquel entonces rondaba los 25 años.

También permanecen grabados en su memoria los nietos de la familia: Mario Ayala, de 17 años, quien se recuperaba de una fractura y utilizaba muletas; Javier, un niño de alrededor de 9años; e Isabel, de apenas 7.

Su búsqueda no termina ahí. Tony también intenta localizar a dos personas fundamentales en su formación dentro del instituto: Jesús, mejor conocido como Chuy, y María, ambos jóvenes profesores o asesores académicos que, en aquella época, tendrían entre 24 y 28 años.

Conmovido por el paso del tiempo, el entonces estudiante hizo un llamado a hijos, nietos, familiares o conocidos de los Ayala, así como a cualquier persona que tenga información sobre Chuy o María, para ayudarlo a reconstruir los lazos de una historia que, pese a los años, sigue latiendo con fuerza.

“Me conocen como Tony, y me encantaría volver a saber de ustedes”, expresó en un mensaje cargado de nostalgia, gratitud y esperanza dirigido a la comunidad de Saltillo.

Cada historia narrada por VANGUARDIA durante los últimos 45 años pasaron por el ojo y el visto bueno de Alvarado, adaptándose a los retos que ha enfrentado tanto el medio como el periodismo en general

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