El Callejón del Diablo: historias de terror y leyendas de Saltillo

El Callejón del Diablo: historias de terror y leyendas de Saltillo

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¿Qué puede ocurrir cuando un desconocido sabe exactamente qué decir para convertir los celos en certeza?

Saltillo
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Juan de Solís se detuvo a escuchar a un desconocido en el pasaje que Saltillo llama Callejón del Diablo, por Cuauhtémoc, detrás de la Normal y cerca de Aldama. El hombre se presentó como Blas Cázares. Hablaba de su casa con una familiaridad que obligó a Juan a prestarle atención.

Conocía a su mujer y sabía que su hijo estudiaba con los religiosos. Después le dijo que otro hombre visitaba a su esposa. Juan quiso saber quién. Blas le explicó cómo sorprenderlo anunciando un viaje a Parras, pero ocultarse y regresar de noche. El visitante llegaría pasada la medianoche, envuelto en una capa, con un sombrero que le cubriría parte del rostro.

Durante los días siguientes, Juan observó a su mujer mientras ella atendía la casa. Una pausa al contestarle bastaba para que recordara las palabras de Blas. Preparó el supuesto viaje y se despidió sin decir lo que sabía. Esa noche volvió a escondidas y esperó detrás de un nogal, frente a su puerta. Llevaba una espada. Desde ahí podía ver el sitio donde tendría que detenerse el visitante para llamar. Las horas fueron pasando.

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Juan cambiaba el peso de una pierna a otra y procuraba no rozar el tronco con el arma. Había imaginado tantas veces la llegada que, cuando por fin apareció un hombre de capa, reconoció primero la ropa. El sombrero venía bajo sobre la cara.

Lo dejó acercarse. El hombre se detuvo ante la casa y llamó con tres golpes suaves. Juan salió de su escondite antes de que abrieran. A esa distancia apenas tuvo que extender el brazo. El muchacho cayó sobre el umbral y la capa se amontonó debajo de su cuerpo. Cuando su mujer abrió, Juan seguía empuñando la espada.

Ella se arrodilló de inmediato, tomó aquella cabeza entre las manos y empezó a llamar a su hijo. Juan tuvo que acercar la vela para reconocerlo. La luz alcanzó la cara que el sombrero había ocultado. Después buscaron a Blas Cázares. Nadie pudo decir dónde vivía.

¿En dónde se dice que ocurrió esta historia?<br /> Calle Cuauhtémoc, #350, a espalda de la Benemérita Escuela Normal de Coahuila.

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Carlos Eduardo Martínez Mirón (1992), editor y escritor con experiencia en diversos medios informativos, colaborando en las secciones de negocios, tecnología, internacional, entre otros. Ha trabajado como corrector y coeditor en proyectos editoriales tanto científicos como culturales, además de publicar obra propia y colaborar como ghost writter en títulos a nivel nacional.

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